Atribuirse el mérito

La semana que estamos a punto de terminar ha sido de lo más completa en lo que al panorama político español se refiere. El acto oficial de apertura de la Legislatura por parte del Rey, que durante la pasada no llegaba a producirse al no configurarse un Gobierno, debía convertirse en el protagonista de la semana y, sin embargo, todo lo sucedido en torno en torno al no nombramiento de Fernández Díaz como presidente de la Comisión de Exteriores del Congreso le ha robado una parte importante de la atención.

Son muchas las cuestiones a comentar respecto a qué ha pasado para que el ex Ministro del Interior fuera retirado antes de la votación por su propio partido, aunque lo cierto es que lo primero que llama la atención es el hecho de cómo los dos principales grupos de la oposición tratan de atribuirse el mérito. Es cierto que el PSOE optó en el último momento por no abstenerse impidiendo así el nombramiento, pero fue una decisión tomada después de haber manifestado, apenas unas horas antes, que votaría en blanco cumpliendo de este modo con el acuerdo suscrito por los grupos en septiembre por el que se repartían las presidencias de las comisiones y eliminaba la posibilidad de veto a las propuestas de cada partido. El detonante del cambio de opinión de los socialistas no puede atribuirse, en la humilde opinión de la que escribe, mas que al miedo a las consecuencias de, por omisión, permitir a un ex ministro reprobado acceder a la presidencia de la Comisión de Exteriores, en un momento especialmente complicado de relaciones del PSOE con su propia militancia y sus votantes.

La rueda de prensa del portavoz de Podemos, Iñigo Errejón, durante la jornada anterior, fue la gota que colmó el vaso del temor socialista. La formación de los círculos planteó lo que ningún grupo había hecho hasta ese momento, la presentación de un candidato alternativo a Fernández Díaz, Pablo Bustunduy, una candidatura que ponía a los socialistas en el brete de apoyar a un ex ministro reprobado, al candidato de su principal adversario en la oposición, o presentar un candidato propio. De nuevo, Unidos Podemos marcaba el ritmo de la oposición, una situación que los socialistas han tratado de minimizar señalando que ha sido su decisión la que ha impedido que Fernández Díaz presida la Comisión de Exteriores.

Lo cierto es que como en un castillo de naipes, la mera posibilidad de que alguna de las candidaturas alternativas pudiera lograr el apoyo de la mayoría de los grupos (Ciudadanos alegaba el mismo acuerdo que el PSOE para su voto en blanco y calificaba de inapropiado al candidato Popular) provocaba la reacción del PP que decidía posponer la votación de la Presidencia de la Comisión y retirar a Fernández Díaz como candidato. Pese a todo, el ex ministro  no se quedará sin su premio de consolación tras no ser renovado en su cargo anterior, presidirá una Comisión (con su consiguiente retribución), la de Peticiones, que no requiere que el presidente sea votado, pero esa es otra historia.

 

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