La opción menos mala

Hace apenas unos días me preguntaba cómo era posible que un tipo como Donald Trump haya acabado siendo el candidato Republicano a la presidencia de los Estados Unidos, una pregunta sobre la que no he dejado de reflexionar en estas horas previas a la jornada electoral.

La nominación de Donald Trump no ha sido mas que la evolución del ascenso del movimiento Tea Party. Fue esta rama del partido la que inició el camino que ahora el candidato ha recorrido sin vuelta atrás. El racismo y la homofobia ya formaban parte del ideario del Tea Party, mensajes a los que ahora, con la llegada de Trump a lo más alto, se ha sumado el desprecio por las mujeres.

Los mensajes xenófobos lanzados por el candidato Republicano solo son comparables a los que los partidos de extrema derecha esgrimen en Europa. Trump agita la bandera que sitúa a los hispanos como responsables de la pérdida de empleos de los blancos y no duda a la hora de señalarlos como delincuentes, un discurso no por falso poco habitual y que ha logrado gran popularidad en Europa en los últimos años, alzando en las encuestas y los parlamentos a formaciones como el Frente Nacional en Francia, el FPO austriaco, o Amanecer Dorado en Grecia. El discurso cala en parte de esos trabajadores blancos que se sienten desplazados y que no son conscientes de que la pérdida de sus empleos industriales es mas fruto del avance tecnológico que de la llegada de nuevos trabajadores y el resultado es la aparición de candidatos como Trump que, en este momento, se encuentra a un paso de acceder a la Casa Blanca.

En una sociedad en la que las diferencias entre Republicanos y Demócratas parecen irreconciliables, a la mitad de los votantes, frente al desagrado que les genera Trump, parece no quedarles otra que acudir a las urnas este martes con una pinza en la nariz para votar a la candidata Demócrata. Para muchos de ellos Hillary Clinton no es la mejor opción pero son conscientes de que es la única manera de alejar a Donald Trump del Despacho Oval.

Clinton es una candidata que no genera ilusión, ni siquiera en su propio partido. El rechazo que genera Clinton, a la que han llegado a calificar de candidata de los mercados y el establishment, se pone de manifiesto en que públicamente algunos de los que apoyaron a su rival en las primarias, Bernie Sanders, ya han afirmado que no la votarán. Así las cosas, muchos estadounidenses acudirán este martes a votar por la opción menos mala. La cuestión es si serán suficientes para que un xenófobo como Trump no acabe al frente de la primera potencia mundial.

 

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