Opinión Pública y manipulación

Hablar de opinión pública y manipulación resulta siempre polémico. Los periodistas solemos tener una piel muy fina en lo que se refiere a acusaciones de este tipo, lo que no quita para que seamos capaces de reconocerla en cuanto la vemos. Hemos vivido unos meses convulsos en los que los medios de comunicación han tomado partido de cara a la formación de un nuevo Gobierno en España y ha sido precisamente este asunto el que nos ha dejado algunos ejemplos dignos de estudio.

Durante las últimas semanas hemos sido testigos de como el PSOE se fracturaba durante la celebración de dos Comités Federales para, finalmente, decidir abstenerse y permitir a Mariano Rajoy formar Gobierno. Unos hechos claros tenían, sin embargo, diversos tratamientos por parte de la prensa.

Estas portadas, las del día posterior al Comité Federal decisivo para el PSOE, son un claro ejemplo de lo que se puede considerar intento de manipulación de la opinión pública. Mientras 3 de ellas, cada una a su manera, focalizan la atención en el paso a Mariano Rajoy hacia la presidencia del Gobierno, la cuarta, la del diario El País, opta por colocar al PSOE como salvador de la situación y responsable del desbloqueo institucional. El País trata de conducir la opinión de sus lectores hacia unas conclusiones determinadas, sin importarle dejar fuera de la portada la información más relevante, la de que Rajoy sería presidente del Gobierno.

En la mayor parte de las ocasiones, la manipulación es mucho más sutil que en el ejemplo anterior. El uso de unas palabras y no otras o la relación que se crea entre dos realidades, por ejemplo cuando relacionamos la llegada de migrantes con la pérdida de trabajos locales, ayudan a generar en todos nosotros, consumidores de medios de comunicación, una imagen determinada del mundo, de la que, en ocasiones, no es sencillo escapar.

Lo cierto es que esta manipulación, la de la información, dentro de su gravedad es quizás, por evidente, la menos preocupante.Los consumidores de noticias suelen ser conscientes de la existencia de distintos sesgos en los medios, tienen un conocimiento previo de la forma en que cada uno de ellos aborda los distintos temas, de ahí que sus mentes estén preparadas para ser críticas, para poner en duda las informaciones que reciben por esta vía y para discernir cuanto tratan de hacerles partícipes de informaciones que no se corresponden con la realidad que perciben.

En nuestro día a día estamos sometidos a muchos otros estímulos y referentes que nos hacen ver el mundo de una determinada manera. En ocasiones se trata de productos de consumo en el tiempo de ocio, cuando las defensas bajan y el objetivo es desconectar, unas circunstancias que los convierte en mucho más dañinos, esto es lo que sucede con las series y las películas. No se puede dejar de lado que este tipo de productos, en la mayor parte de los casos, nos llegan desde el otro lado del Atlántico, desde Estados Unidos, de tal forma que el mundo en el que vivimos acaba guiándose por los valores que desde allí quieren destacar. Un ejemplo clarísimo, del que os hablaba hace ya algunos días en una entrada previa, es el que tiene que ver con los villanos del cine y quienes los encarnan. Mientras que en los años 70 y 80 estos eran de origen ruso, en clara coincidencia con los últimos coletazos de la Guerra Fría que enfrentó a EEUU con la URSS, en la actualidad, tras los atentados del 11-S y la puesta en marcha de la denominada Guerra contra el Terror, los villanos son en su mayoría musulmanes. El objetivo no es otro que crear, a través del cine, una cierta conciencia, una imagen que lleve a los ciudadanos a comportarse de una forma determinada ante personas que cumplan con esos estereotipos que tan hábilmente ya ha generado el cine en el interior de sus mentes.

El cine y las series se han convertido también en un referente de lo que significa tener éxito. Un éxito que de forma habitual poco tiene que ver con las cosas triviales de la vida, aquellas que nos hacen sentir realizados, sino mas bien con ser rico y famoso. Un llamamiento al consumo como forma de vida. Precisamente, a la hora de hablar de consumo no hay instrumento tan efectivo como la publicidad. Crea necesidades que de la noche a la mañana necesitan ser satisfechas, nos muestra modos de vida, nos dice cuál es el papel que debemos jugar en el mundo, por ejemplo, en función de nuestro sexo.

Todos los instrumentos que hemos visto desde el inicio de esta entrada condicionan la forma en la que asumimos el mundo y la realidad que nos rodea. El sentido crítico es fundamental para no sucumbir a los encantos de sus mensajes y nada mejor que la formación y la información para ser capaces de distinguirlos. La duda como método, la búsqueda de otros puntos de vista y otras opiniones como forma de intentar generar una imagen del mundo más completa y menos sesgada. Estas son algunas de las acciones que pueden ayudarnos a ser menos manipulables, pongámoslas en marcha.

 

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