Gürtel y Black. Asco y Vergüenza

Llevo semanas planteándome que algo debería escribir sobre los juicios de la trama Gürtel y las tarjetas Black, sin embargo es un asunto que me genera una pereza infinita. No se trata de que no los considere importantes, es simplemente que siento vergüenza. No hay otra palabra para explicar la sensación que recorre mi cuerpo cuando me siento frente al televisor o abro un periódico y veo o leo las declaraciones de quienes gozaban de la total confianza de los que dirigían o, lo que es peor, dirigen nuestro país. La falta de pudor con la que hablan de miles o de millones de euros mientras que muchos españoles no llegan a fin de mes, no tienen para comprar los libros de sus hijos, o para darles de comer, me hace sentir repugnancia.

El otro día observaba conmocionada el testimonio del único directivo de Bankia que dijo no al uso de la tarjeta black que le ofrecieron. Se llama Francisco Verdú y rechazó la tarjeta ante el mismo Rodrigo Rato, otros 66 altos cargos no lo hicieron. Entre todos, y sólo teniendo en cuenta el periodo entre 2003 y 2012 (los años anteriores han prescrito), gastaron 12 millones de euros. El rescate de Bankia, sin embargo, lo pagamos todos.

Junto al juicio de las tarjetas black, estos días, el protagonismo ha sido para el de la causa principal de la trama Gürtel, relativa a la existencia de contratos amañados en diversos municipios, especialmente madrileños, y en algunas autonomías. Sólo a Francisco Correa, supuesto cabecilla de la Gürtel, se le acusa de ganar más de 8 millones y medio de euros en una década a través de dichos contratos. Correa ha declarado en estos días y no ha dudado a la hora de señalar a ex ministros y empresarios como parte de esta trama, la misma por la que están llamados a declarar ex tesoreros del PP, como Luis Bárcenas o Álvaro Lapuerta (cuyo estado de salud, a sus 88 años, hace difícil que finalmente acuda al juzgado), y en la que hay un total de 35 encausados, entre ellos la ex ministra Ana Mato y su ex marido, el que fuera alcalde de Pozuelo, Jesús Sepúlveda. La cuestión, sin embargo, no finaliza ahí. El propio Partido Popular como organización también está acusado en esta causa, ya que debe dirimirse si algunos pagos de la red Gürtel fueron empleados para financiar gastos de las campañas electorales de los Populares.

Muchas veces me pregunto cuál es el verdadero problema de este país y, en ocasiones, el pesimismo me invade y pienso que quizás esa despreocupación de la mayoría solo tiene un motivo: que de haber estado en la misma situación, muchos habrían hecho lo mismo. Sólo uno de los directivos de Bankia dijo no a la tarjeta black. Allí los había de todas las tendencias e ideologías, de partidos políticos y sindicatos… Sólo Francisco Verdú se negó. Por eso me genera una pereza infinita escribir sobre estos casos de corrupción, porque, sinceramente, solo siento vergüenza, pena y asco.

 

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