Investidura, segundo round

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Mariano Rajoy, segunda jornada de la Sesión de Investidura / Foto: Congreso.es

Nunca pensé que un titular fuera a ser tan acertado para lo estaba por venir. Lo que se vivió este miércoles en el Congreso se pareció y mucho a un combate de boxeo en el que todos sus rivales intentaron vapulear a Pedro Sánchez que, tal y como estaba previsto, no logró la investidura.

Comenzó Mariano Rajoy, líder del partido más votado, el mismo que declinó formar Gobierno. En tono socarrón volvió a hablar de la herencia recibida y ridiculizó el pacto entre el PSOE y Ciudadanos, al que irónicamente llegó a comparar con el de los Toros de Guisando o los Pactos de la Moncloa. Rajoy llegó a acusar a Sánchez de no haber podido presentarse a la investidura tan solo porque él se había negado. Nada nuevo bajo el sol, salvo la comodidad con la que se desenvolvía el presidente en funciones en una sesión de investidura que no era la suya. La certeza de que Pedro Sánchez no lograría los apoyos necesarios hizo disfrutar a Rajoy, al menos el rato que estuvo presente en el debate, del que salió en el receso de mediodía y al que no volvió hasta el momento de la votación.

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Pablo Iglesias durante el debate de la Sesión de Investidura / Foto: Congreso.es

Mención aparte merece el discurso planteado por Pablo Iglesias, el segundo en anunciar su negativa a la investidura de Sánchez. Y es que, aunque algunos no lo crean, Iglesias fue este miércoles algo más que besos en la boca y citas a un pasado “manchado de cal viva”. Reconociendo lo desafortunado de esta última expresión (hay cuestiones reprobables de sobra en la actitud de González como para acudir a su nunca probada vinculación con los GAL), Pablo Manuel Iglesias (como desde hace días han decidido llamarle los miembros del PSOE) planteó un discurso que podrá gustar más o menos pero que realmente pone sobre la mesa que un tiempo nuevo ha llegado. Insistió en lo tantas veces planteado de que un acuerdo con Ciudadanos imposibilita el acuerdo con Podemos y exigió al PSOE un trato igualitario. El debate fue bronco, no vamos a negarlo, y Rajoy fue quien más lo disfrutó. El presidente en funciones no dejó de sonreír y bromear con el enfrentamiento entre Iglesias y Sánchez, algo que quizás debería hacer reflexionar a los dirigentes tanto del PSOE como de Podemos. A pesar de todo, finalmente el líder de la formación de los círculos volvió a tender la mano al líder de los socialistas, eso sí, una mano tendida que no alcanza a la “naranja mecánica”.

Entre Ciudadanos y el PSOE todo fueron parabienes, agradecimientos y menciones a la responsabilidad. El voto fue positivo, tal y como estaba anunciado, pero insuficiente para que el líder socialista lograra la investidura. Fue el único momento de respiro que tuvo Pedro Sánchez que tuvo que escuchar las razones para la negativa de prácticamente todos los grupos con representación en la cámara baja. Una negativa que se consumó cerca de las ocho de la tarde y que, a no ser que los acontecimientos vivan un giro inesperado, volverá a repetirse este viernes.

 

 

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