Sánchez y el pacto a la portuguesa

IMG_0084Pedro Sánchez, secretario general del PSOE y aspirante socialista a la presidencia del Gobierno, se encuentra de visita en Portugal. El objetivo, explican todos los medios de comunicación, no es otro que conocer de primera mano los pasos que llevaron a sus compañeros portugueses, y a toda la izquierda lusa, a lograr un acuerdo de Gobierno. Pedro Sánchez se ha reunido con el primer ministro portugués, Antonio Costa, durante algo más de una hora y media y tras este encuentro ha verbalizado lo que la prensa llevaba algo más de 24 horas anunciando a bombo y platillo: si Rajoy no consigue formar Gobierno, él mismo lo intentará apelando a un acuerdo de todas las fuerzas progresistas. El ya conocido como pacto a la portuguesa.

Un pacto a la portuguesa que en España no es, a menos que mucho cambien las posiciones de los grupos progresistas de la cámara, una posibilidad. La primera dificultad que nos encontramos es determinar que entiende Pedro Sánchez por fuerzas progresistas y si esa definición incluiría a Ciudadanos. En caso de ser así, los socialistas se encontrarían con un problema, Rivera ya ha advertido que no apoyará un acuerdo con Podemos con lo que Sánchez tendrá que elegir y a día de hoy son los de Iglesias quienes cuentan con un mayor número de diputados para sumar a ese posible acuerdo. Descartado Ciudadanos, las cuentas no le salen al PSOE. La suma de sus 90 escaños a los 69 de Podemos, los 2 de Unidad Popular, e incluso el escaño de Coalición Canaria, le dejan muy lejos de los 176 diputados necesarios, lo que le obligaría a tratar de recabar el voto favorable o la abstención de la mayor parte de las fuerzas independentistas del Congreso (ERC, con 9 escaños, DL, con 8, PNV, con 6 o Bildu, con 2 escaños).

En primer lugar parece poco probable, por su trayectoria histórica, que el PSOE alcance un acuerdo con Bildu, por lo que casi con total seguridad podemos descartar a esta formación y destimar para la suma sus 2 escaños. Pero tampoco parece fácil que Pedro Sánchez pueda convencer a su partido de lograr la investidura cediendo en una negociación, aunque sea para la abstención, ante los partidos catalanes que se saben absolutamente necesarios para garantizar la investidura y pondrán sobre la mesa todas sus condiciones. Si los barones socialistas han puesto el grito en el cielo ante la reivindicación de Podemos de convocar un referendum en Cataluña, no cuesta mucho imaginar cuál sería la reacción ante la negociación con aquellos que directamente reclaman la independencia.

Todas estas condiciones convierten el anuncio socialista de hoy más en un acto propagandístico de Sánchez que en una hipótesis con opciones de convertirse en realidad. Lo cierto es que la situación de bloqueo actual nos sitúa más cerca de unas nuevas elecciones que de la posibilidad de constituir Gobierno de ningún signo. Una constitución de Gobierno que solo sería factible de alcanzar un acuerdo PP y PSOE o tres de las cuatro fuerzas mayoritarias.

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