La televisión toma el mando

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Pablo Iglesias, candidato a la Presidencia por Podemos Foto:@Podemos_AND

Superado ya el ecuador de la campaña electoral los partidos políticos se esfuerzan en hacer llegar al mayor número de ciudadanos un programa que, en el mejor de los casos, sólo se cumplirá a medias. Entre las propuestas más acertadas que he escuchado en estos días se encuentra la de, precisamente, evaluar si una determinada formación ha cumplido con lo prometido durante estos días previos a las elecciones.

Pero, más allá de promesas que no valen nada, lo cierto es que hay un elemento en esta campaña que ha sobresalido por encima de cualquier otro. Me refiero a la televisión, por supuesto. No recuerdo unos comicios en los que la televisión haya tenido tanto protagonismo. Me pongo a hacer memoria para intentar enumerar las intervenciones televisivas que han tenido los distintos candidatos a la Presidencia del Gobierno pero me resulta imposible. Desde Pablo Motos, hasta Bertín Osborne pasando por María Teresa Campos… Eso sin contar los debates tradicionales o los menos usuales como el del programa de Jordi Evolé. Eso, a falta del cara a cara entre Mariano Rajoy y Pedro Sánchez que tendrá la contrarréplica en La Sexta con los comentarios de Pablo Iglesias y Albert Rivera. En definitiva: un carrusel inaudito y, a ratos, indigesto.

Tengo claro, eso sí, que estas apariciones en televisión valen muchísimo más que cualquier campaña puerta a puerta. No hay nada más efectivo para conseguir un voto que ver al candidato “abrirse” en una entrevista (lo de menos es que esta esté cuidadosamente medida) y escucharlo hablar de sus primeros amores, de sus técnicas de seducción y de su relación con su familia. Habrá quien lea esto que se echará las manos a la cabeza y pensará que es imposible influir así en una persona. Puede que a mí no me ocurra o que a muchos otros tampoco. Pero es un fenómeno que contemplamos a diario en los programas de Telecinco. ¿Por qué ahora debe ser diferente?

Es indiscutible la importancia de las redes sociales pero aún continúa existiendo un alto porcentaje de personas que sigue consumiendo muchísimas horas de televisión. A ese alto porcentaje le llegan más los discursos dados en ese medio que los habituales mítines o actos similares. Es mucho más cómodo conocer las principales propuestas y el talante que demuestran los aspirantes de las distintas formaciones.

 A pesar de la sobreexposición mediática que hemos presenciado en los últimos meses sí le reconozco el mérito de los partidos de querer enmendar uno de los principales errores cometidos en los últimos años: el alejamiento entre el político y el ciudadano de a pie. Bien es cierto que partidos como el PP no se hubieran subido al carro de la televisión de no haberse visto obligados por formaciones como Podemos. Sea como fuere: el cambio está ahí. Hasta hace poco era imposible ver al futuro presidente del Gobierno en un ambiente distendido y relajado. Puede que a cambio se esté banalizando un asunto tan importante como es quién gobierna este país y de qué forma. Pero si este cambio de tendencia lleva a los españoles a las urnas, bienvenidos sean programas como El Hormiguero o Tiempo de Juego.

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