Lo mejor y lo peor del debate de El País

PHOTO-0dc84f4553e78604904af30b32c97a31-1448910878-46Anoche disfruté. Mentiría si no lo reconociera. Ver a tres candidatos a la presidencia de mi país, cara a cara, hablando de las cuestiones que son fundamentales para el transcurso de los últimos años me generó una profunda emoción. Debió ser la falta de costumbre. Lo seguí de cerca, narrándolo en nuestro perfil de Twitter, y tras unas horas de reflexión me gustaría dejaros con las impresiones que cada uno de los candidatos me generó y para ello nada más adecuado que un ‘Lo mejor y lo peor’ de cada uno de ellos.

Mariano Rajoy: Su incomparecencia es, sin duda, lo más comentado de las últimas semanas. En él, en este caso, no encontramos nada que sea lo mejor aunque quizás sus asesores consideren que el no desgastarse frente a sus contrincantes pueda ser algo bueno. Lo peor, sin duda, su decisión de privar a los españoles de verle debatir, en primera persona, con aquellos que se encuentran en disposición de disputarle la presidencia del Gobierno. Es un comportamiento poco democrático.

Pedro Sánchez: No es ninguna sorpresa que lo mejor del candidato del PSOE fue, de nuevo su imagen. Con americana pero sin corbata, volvió a dar la impresión de ser un político moderno. Tenía un legado que defender, el de los gobiernos socialistas, pero precisamente la defensa de ese legado se volvió en su contra en algunos momentos en los que pareció que no tenía nada nuevo que ofrecer a los españoles. Lo peor, su falta de naturalidad, una pose demasiado estudiada que no dejaba margen a ver a la persona que se esconde detrás de la fachada política. Otra cuestión, de nada sirve tratar de mantener la imagen de seridad cuando la mujer del candidato decide colarse en la entrevista al coordinador de campaña de otro de los participantes para hacer un gesto al más puro estilo troll. Eso cuenta.

Albert Rivera: Naturalidad, discurso y propuestas son sin duda los tres pilares que asientan lo mejor de la actuación del candidato de Ciudadanos en el debate. Lo peor, su incapacidad para percibir los problemas de las mujeres y la negación de las cuotas. También sus interrupciones continuas a los otros dos candidatos pero esto, quizá, entra dentro del juego.

Pablo Iglesias: El hombre tranquilo. Tanto que en algunos momentos del debate parecía más un contertulio que un candidato. Se le pasó pronto, en cuanto Pedro Sánchez intentó relacionarlo con la URSS. La naturalidad es uno de sus puntos fuertes, los argumentos y la crítica con sentido, también. Fue capaz de mantener el humor e incluso de ganarse la complicidad del público. Lo peor, su imagen. Estamos acostumbrados pero lo cierto es que, por muy superficial que parezca, sus dos oponentes tenían más aspecto de presidente del Gobierno que él.

Fuera de estas breves valoraciones de los candidatos, hay varias cuestiones relevantes que se abordaron en este debate: la derogación de la LOMCE y la intención de reformar la ley electoral (aunque no se pongan de acuerdo en cómo) parecen objetivos de las tres formaciones, otra cosa es que sean capaces de pactarlas en la próxima legislatura.

Lo peor, sin duda, los “y tú más” que aparecieron en algunos momentos del debate, sinceramente, los españoles estamos hartos de eso.

 

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