El gran espectáculo americano

NEW YORK, NY - JUNE 16:  Donald Trump makes presidential announcement at Trump Tower on June 16, 2015 in New York City.  (Photo by Steve Sands/Getty Images)

NEW YORK, NY – JUNE 16: Donald Trump makes presidential announcement at Trump Tower on June 16, 2015 in New York City. (Photo by Steve Sands/Getty Images)

Barack Obama afronta la recta final de su mandato centrado en la política exterior mientras que demócratas y republicanos, especialmente estos últimos, se encuentran ya centrados en las primarias por las que se elegirán a los candidatos que se enfrentarán en la lucha por reemplazarle como presidente de los Estados Unidos.

Mientras Obama cierra el acuerdo nuclear con Irán, retoma relaciones diplomáticas con Cuba y estudia como cerrar Guantánamo (una de sus promesas electorales), los dos principales partidos estadounidenses han iniciado ya el camino y, porque no decirlo, el show que vivirá su momento decisivo el 8 de noviembre de 2016.  Los demócratas permanecen relativamente tranquilos con Hillary Clinton como candidata estrella pero los republicanos han vivido ya sus primeros debates y protagonizado momentos de incuestionable valor mediático, muy especialmente de la mano de Donald Trump que, con sus comentarios fuera de tono sobre inmigrantes y mujeres, ha conseguido eclipsar al hermanisimo Jeb Bush o a candidatos como Marco Rubio o Ted Cruz de los que mucho se había hablado antes del inicio de la pelea. Donald Trump ha sabido ganarles por la mano en lo que al show se refiere y ha hecho llegar su mensaje a una gran parte del electorado republicano que ve en la inmigración uno de los males principales del país.

Fuera de los mensajes y los candidatos concretos, de los que tendremos mucho tiempo de hablar a lo largo del próximo año, lo cierto es que siento una profunda envidia por el concepto mediático y publicitario de la política estadounidense. Campañas electorales absolutamente medidas, meditadas, basadas en datos concretos sobre los intereses de los electores y concebidas como un gran espectáculo hacia el mundo. Campañas que consiguen que en todos los rincones del planeta conozcamos los nombres de quienes van a luchar por hacerse con la presidencia de un país que nos es ajeno e, incluso, que pasemos la noche en vela pendientes de los delegados de ese estado que puede ser el definitivo.

En España tenemos elecciones generales en apenas 3 meses, unas elecciones en las que nos jugamos el camino por el que queremos avanzar, y hablar de primarias es prácticamente una utopía. El PP ni las contempla, las del PSOE no han tenido ningún tipo de repercusión ante el limitado perfil de los candidatos que se enfrentaron a Pedro Sánchez, y las nuevas formaciones mucho tienen que mejorar en su sistema ya que limita la participación a un sector poblacional integrado en el uso de la tecnología, informado y movilizado. Cuando miro hacia casa pienso en cuanto disfrutaría de una campaña a la americana, reflexiono y caigo en la cuenta de que tal vez el señor Sorkin tiene la culpa de todo esto.

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