La rendición de Alexis

Alexis Tsipras a la salida del Eurogrupo del domingo

Alexis Tsipras a la salida del Eurogrupo del domingo

Son muchos los que piensan que han ganado con el sometimiento de Grecia a los intereses de la Troika. No se dan cuenta de que realmente la ciudadanía europea ha sido la que ha perdido tras un espectáculo bochornoso de ruptura de negociaciones y amenazas de salida del euro de uno de sus miembros. La Europa que queda tras la claudicación griega es, sin duda, una Europa más débil en la que queda claro que aquel que intente no plegarse a los intereses de esos entes superiores que son los mercados puede ser expulsado sin apenas pestañeo por parte de sus socios comunitarios.

Alexis Tsipras se ha rendido y ha aceptado unos términos que parecían imposibles a todos aquellos que durante meses han escuchado su discurso. De nada ha servido el referendum que mantuvo en vilo a toda Europa, de nada los grandes discursos, porque finalmente el tercer rescate a Grecia será una realidad y quienes lo pagarán serán los ciudadanos con subidas impositivas, recortes en las pensiones y merma de su calidad de vida. Alexis ha claudicado después de 21 horas de negociación con los jefes de Estado y de Gobierno del resto de países que forman parte de la Unión y finalmente aplicará las medidas de austeridad contra las que tanto aseguraba que lucharía.

El panorama para Syriza no es nada halagüeño. Algunos de sus diputados ya se negaron a votar a favor de la propuesta que los helenos presentaron ante las instituciones europeas tras el referendum, mucho más suave de la que finalmente se va a aplicar, y amenazan con hacer lo mismo ante este acuerdo. A Tsipras solo le queda el consuelo, o la desesperación, de que serán aquellos contra los que tanto ha luchado, Nueva Democracia y PASOK, quienes garantizarán la mayoría parlamentaria para que el acuerdo se convierta en realidad.

Voces dentro del propio Gobierno griego, como el ministro de Trabajo, hablan, tras el acuerdo, de la posibilidad de la convocatoria de elecciones antes de que finalice el año y hay quien, incluso, establece como factible la creación de un gobierno de concentración. No hay duda, Syriza ha perdido en su intento de poner fin a la austeridad.

Humillante ha sido una de las palabras más utilizadas por los medios en los últimos días para definir la negociación y el acuerdo griego. Las instituciones europeas han ejemplarizado con el Gobierno de Tsipras qué es lo que sucede cuando alguien trata de sacar los pies de tiesto. Ahora el discurso que emplearán es fácil, agitarán la bandera del miedo al cambio y asegurarán que, si en los distintos comicios naciones, que afrontan este año algunos países de la zona euro, no ganan los partidos tradicionales y economicamente conservadores, el futuro será muy similar al de Grecia. Eso tiene un nombre, chantaje, y el aviso a navegantes ya ha sido lanzado.

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