Iker en la casilla de salida

El portero Iker Casillas

El portero Iker Casillas

Quizás cuando esta entrada se publique Iker Casillas ya habrá dejado de ser jugador del Real Madrid… o quizás no. A estas horas el acuerdo con el Oporto no se ha cerrado pero ya todo el mundo comienza a despedirse del que ha sido nuestro capitán durante muchísimos años. Un capitán con luces y sombras como lo son normalmente los futbolistas más míticos.

Hablar de Iker Casillas es recordar mil momentos inolvidables. Su historia está tan ligada a la del Real Madrid, el club de su vida, como a la de la Selección Española. A Casillas le debo lo más extraordinario que he visto en fútbol: la tanda de penaltis contra Italia. Aquel día nuestra vida cambió gracias a él. Y llegamos al cielo de su mano con sus paradas imposibles contra Holanda.

Sería absurdo tratar de recordar su mejor parada defendiendo la portería del Real Madrid. Se me vienen a la cabeza decenas de ellas, cientos si me esfuerzo un poco más. Imposible olvidarse tampoco de sus lágrimas. A Iker lo hemos visto crecer, hacerse hombre entre los palos. Ni siquiera su inseguridad con los pies nos preocupaba. Con Iker no había dudas. Con él al frente todo era posible.

Sin embargo todo héroe tiene un reverso tenebroso. Un reverso que ha ido provocando un cisma irreversible en el madridismo. Muchos de los que hoy continúan defendiéndolo achacan su debacle a un solo hombre: José Mourinho. Mucha importancia le dan al portugués para que él solo haya logrado que hoy parte de los madridistas vean a Iker como a un tipo mundano con tantas virtudes como defectos.

A Iker le puedo perdonar casi cualquier cosa. Es más, estoy convencida de que el paso del tiempo difuminará todas sus miserias y acabaré recordando únicamente al muchacho imberbe que lloró a mares en aquella novena Copa de Europa. Pero hoy, aún en caliente, creo que a Casillas le ha sobrado soberbia y le ha faltado capacidad de autocrítica. Eso es lo que no comprendo. Su negativa a reconocer que ya había dejado de ser el mejor, que debía dar un paso atrás y saber marcharse a tiempo.

Pienso en lo distinta que ha sido la despedida de Xavi Hernández en el Barcelona. A Hernández el barcelonismo entero le rindió pleitesía hasta el último minuto en el que defendió la camiseta azulgrana. Supongo que muchos (siendo optimista por el número de lectores que puede tener esta entrada) de los que leeréis estas líneas pensaréis que el error no está en Casillas sino en el madridismo que siempre ha sido desagradecido y con tendencia a olvidar rápido. No os falta razón, os lo reconozco, pero creo que, en esta ocasión, Casillas también ha contribuido. En algún momento creo que olvidó que era el capitán del Real Madrid y no un jugador cualquiera.

Deseo que a Casillas le vaya muy bien. Su salida del Real Madrid, si finalmente se produce, será positiva para él y también para el equipo blanco. Con él se cierra una larga etapa en la que hemos vivido tantas cosas buenas como penurias. Llegará otro portero, habrá otros capitanes y, sobre todo, abrazaremos a otros héroes. Pero, a pesar de todo o, mejor dicho, gracias a todo lo vivido, jamás olvidaremos que Iker Casillas ya es historia del Real Madrid.

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