El éxito del liberalismo

Por @mpereztriano

La gente se suele poner muy contenta cuando, normalmente durante las campañas electorales, diferentes políticos prometen futuras bajadas de impuestos. Qué bien, qué alegría cuando todos se pelean por decir quién rebajará más los impuestos. De esta manera, proclaman, los ciudadanos tendrán más dinero para ellos, para gastar donde quieran. Como dice aquella máxima liberal: “el dinero donde mejor está es en el bolsillo del contribuyente”.

¿De qué dinero estamos hablando? ¿Tendremos mucho más y viviremos mejor pagando menos impuestos? Esto es lo primero que hay que preguntarse. Aquí juega el primer logro del liberalismo: hacernos creer a todos que somos clase media. Da lo mismo que se ganen veinte mil euros anuales o cincuenta mil, todos somos clase media, y por lo tanto, el Gobierno nos ahoga a impuestos. ¿Se imaginan que todo lo que cobramos en bruto, lo recibiéramos entero? Qué de cosas podríamos comprar, qué bien viviríamos todos los de la clase media.

Este argumento está tan extendido, que es sumamente fácil encontrar asalariados de escasos sueldos, a veces de baja cualificación, clamar contra los impuestos y adherirse a esta doctrina alegremente. También autónomos de pequeños negocios o funcionarios de distintos sectores. Sí, es mejor tener ese dinero en el bolsillo, pero no contemplan que la doctrina liberal acompaña esta medida de recortes en los servicios públicos a favor del sector privado para que salgan sus cuentas. ¿Estamos dispuestos a ello?

Es lógico, aunque profundamente egoísta, que personas como Florentino Pérez o Amancio Ortega prefieran mantener intactas sus fortunas, no contribuir a la solidaridad nacional, aunque tengan que recurrir a lo privado la mayor parte de las veces, algo que seguramente ya hacen. Pero, ¿de verdad es razonable para el resto de sectores citados anteriormente? ¿No parece el liberalismo una ideología para mantener los privilegios de una minoría?

El dinero ese que se quedaría en nuestros bolsillos, puede ser importante para el marido de la señora Cospedal (que no hace ascos de lo público para conseguir concesiones), pero para la mayor parte de los españoles es una miseria. ¿Qué podríamos gastar con ese dinero de más? Tendríamos que pagar la sanidad, la educación pública o

concertada (sí, esta también se paga con las arcas públicas), seguridad, el arreglo de las carreteras, el ejército para que nos defienda, bomberos, pensiones, becas…. ¿De verdad que saldríamos ganando? ¿De qué servicios estaríamos dispuestos a prescindir? ¿O es que los liberales van a pagar todos estos servicios públicos con el dinero que les queda en el bolsillo?

En cuanto a los funcionarios que adoran el ideario liberal, seguramente estarán dispuestos a rebajarse el sueldo que les pagamos los contribuyentes, o incluso pasar a la gestión privada, tan eficaz y eficiente según el liberalismo. En este grupo encontramos a Esperanza Aguirre, que parece aplicar la lógica liberal para todos menos para ella y los suyos.

A pesar de todo, el liberalismo triunfa también entre sectores teóricamente perjudicados que ven como distintos servicios pierden calidad o son privatizados. Es fascinante como una ideología que beneficia a los estratos sociales más pudientes, se ha extendido de forma implacable. Es un éxito incuestionable del liberalismo y de sus medios de propaganda que debe ser contrarrestado con debate ideológico.

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