Entre pitos y goles

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Mal que nos pese a algunos en España es imposible desligar el fútbol de la política. No me alcanza el conocimiento para saber si eso sólo ocurre aquí o es lo normal también en otros páises. Pero sí sé que, desde que tengo memoria, he escuchado infinidad de comentarios que suelen vincular dos cuestiones que deberían ir por caminos paralelos, sin mirarse siquiera.
Los del Barça son todos independentistas, polacos como mínimos y el Madrid ha ganado lo que ha ganado porque fue el equipo de Franco y todos los madridistas son unos fachas. ¿Cuántas veces en nuestra vida hemos escuchado frases de este tipo? El problema es que lo que debería ser mera anécdota no es más que el fiel reflejo de lo que sucede en este país: España se odia a sí misma. Hay tanta, tantísima, diversidad que somos incapaces de encajarla. Reaccionamos contra ella cuando lo que deberíamos hacer es sentirnos plenamente orgullosos de que en un territorio tan pequeño haya lugar para tanta variedad.

La pitada al himno en la pasada Copa del Rey pues ya no sorprende. Entiendo a quien moleste, aunque no sea mi caso. Eso no quita para que lo considere absurdo. Me cuesta entender qué se gana con esa pitada aunque imagino que, más allá de la reafirmación, (totalmente lícita y pacífica) lo que se busca es provocar un cabreo monumental a media España… y vaya sí se ha conseguido.

Tan equivocados están, en mi opinión, los que pitan como los que reclaman respeto sin habérselo ganado. El respeto pasa como con la autoridad: hay que trabajársela. No basta con exigirlo de mala manera. En España, casi por norma, se suele odiar a los catalanes y a los vascos y aún así pedimos que ellos respeten nuestros símbolos.

Y para que la herida se encone aún más hablamos ahora de sanciones. ¿Sanciones para qué? ¿Para obligarlos a querer a España a la fuerza? Imagino que la idea de ignorar el asunto y de tratar de tender puentes (pero de verdad y no como eslogan político) es mucho menos atrayente que las multas. Mientras no asumamos que España no sólo es lo que nos gusta y que siempre habrá quien piense diferente seguirán produciéndose episodios como este. Y si el camino para solucionarlo es la prohibición es que, definitivamente, no hemos aprendido nada de nuestra historia más reciente.

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