La nueva política

Por @mpereztriano

Carteles electorales (Ceuta) / Foto: @LOrtizGomez

Carteles electorales (Ceuta) / Foto: @LOrtizGomez

Tras la resaca electoral, llega el momento de analizar los resultados. Las comparecencias no estuvieron muy lejos de lo habitual, con poca autocrítica, al menos de puertas hacia fuera. El caso del Partido Popular fue especialmente llamativo, pues a pesar del descalabro mayúsculo, muchos dirigentes se encargaron de poner el acento en el mayor número de votos obtenido a nivel nacional. De nada sirve que todos afirmen que la derecha ha sido vapuleada, y que la mayor parte de la ciudadanía haya optado por algunas de las opciones de cambio progresista. En esta línea victoriosa se han manifestado Floriano, Cospedal y Aguirre, aunque era más lógico en el caso de las dos últimas, ya que no les quedaba otra en una noche tan triste. Aunque a mí me surge una duda: ¿Se creen de verdad ese mensaje o lo dicen solo para no parecer derrotados? De ser cierto lo primero, dudo de la inteligencia de más de uno; de ser la segunda opción, son ellos los que dudan de la nuestra.

A pesar de lo aciago para el PP de la jornada de ayer, los conservadores podrían seguir gobernando en varios territorios, si son capaces de entenderse con formaciones ideológicamente cercanas. Con esto, una derecha tradicionalmente monolítica inaugura una nueva era en la que los acuerdos y los pactos van a ser imprescindibles. Pronto sabremos si los de Mariano Rajoy están a la altura de las nuevas exigencias.

La izquierda, más acostumbrada a las diferencias ideológicas, también está condenada a llegar a acuerdos, en un panorama en el que el PSOE, a pesar de seguir siendo la fuerza hegemónica de la izquierda a nivel global, deja de ser el primer partido de la oposición en muchos rincones del país. Los socialistas, Podemos y otras formaciones y coaliciones de izquierda, deben sentarse a dialogar e intentar articular mayorías progresistas que sean capaces de construir proyectos radicalmente diferentes a la derecha. Es urgente, sobre todo en lugares como Madrid y la Comunidad Valenciana, donde el PP ha gobernado rodeado de casos de corrupción. Los votantes no entenderían lo contrario, como prueba el duro castigo que los extremeños han infligido a Izquierda Unida, que con su pasividad facilitó el gobierno de Monago en la región.

Estas posibles alianzas de izquierda son vistas con malos ojos desde el PP, pues arguyen sus dirigentes que un frente popular desaloja a los ganadores de los gobiernos con pactos fraguados en los despachos. Obvian, supongo que adrede, que si la izquierda tiene más escaños, la derecha no ha vencido. Lo más llamativo de todo es que estos argumentos salgan de Génova, pues ¿no es el PP un frente de formaciones conservadoras y liberales? ¿No es la unión de todos los partidos de derechas que existían en España en ese momento? Algunos pierden la memoria muy rápidamente, y no solo con los dineros.

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