La diáspora magenta

ROSA DÃ-EZBromeo a menudo con que Unión, Progreso y Democracia acabará desintegrándose antes del 24 de mayo. En realidad, y como en la mayoría de las bromas, hay una parte de verdad en todo ello: la formación, tal y como la hemos conocido, desaparece ante nuestros ojos y lo que va quedando de ella no es más que una caricatura de lo que alguna vez pretendió ser.

Yo creía en UPyD. Cuando surgió, allá por el año 2007, me pareció que el partido venía a cubrir un hueco necesario. No comparto gran parte de su ideario político y jamás me he planteado votarles pero sí entendía que el partido fuera ganando poco a poco adeptos. Unión, Progreso y Democracia hizo las cosas bien durante bastante tiempo. Y ni siquiera la mosca cojonera de Rosa Díez era capaz de deslucir un proyecto que generaba ilusión por su idea de Estado y por sus ganas de regenerar nuestra ya maltrecha democracia.

¿Qué ha pasado para que todo eso haya quedado en el olvido? Haría falta más que una entrada para analizar los motivos de esta caída en picado. No sólo es la marcha de Sosa Wagner, ni los resultados en las elecciones andaluzas… ni siquiera la falta de un acuerdo con Ciudadanos. El descalabro de Unión, Progreso y Democracia es una suma de todo ello pero, principalmente, es el ejemplo más claro de lo que puede ocurrir cuando no existe un liderazgo sólido, con capacidad infinita de autocrítica y con voluntad de escuchar y mejorar.

Esta semana la formación continúa acumulando momentos convulsos. A la renuncia de Toni Cantó se une la disolución de varias direcciones regionales. Son muchas las voces que piden la dimisión de Rosa Díez que parece ser inmune a cualquier crítica. La pésima gestión de Díez de esta crisis interna se hace aún más notoria si la comparamos con el auge imparable de Ciudadanos. Los de Albert Rivera parecen caminar firmes y seguros hacia unos buenos, sino excelentes, resultados electorales.

Muchos afiliados de UPyD han emprendido en los últimos días la marcha hacia Ciudadanos. Mientras aún hay quien tiene la esperanza de que un acuerdo entre estas dos formaciones termine fructificando, la realidad es que Ciudadanos tiene ahora la sartén por el mango y que el momento para que ese pacto se hiciera realidad ya pasó.

Confío aún en un último gesto de grandeza de Díez y mantengo la idea de que dimitirá tras las elecciones autonómicas y municipales. A pesar de ello, el daño ya está hecho. El partido aún no había adquirido la suficiente consistencia ni madurez como para superar un trance como este. Díez dice sentirse engañada por unos compañeros que “se arriman al sol que más calienta”. Pero sigue sin asumir errores, sin hacer examen de conciencia, sin ser, en definitiva, lo que su partido precisa.

Termino esta entrada citando a Óscar Sánchez-Alonso, aún miembro del partido y hasta hace pocos días candidato a la alcaldía de Salamanca. Sus palabras son el mejor resumen para esta historia de egos y malas decisiones.

La música de la regeneración sí sonó en UPyD. Sonó con afinación, sonó con pulcritud, sonó con acierto, sonó con lucidez, sonó con valentía. Y sonó cuando alrededor sólo había el silencio del inmovilismo o el estridente chirrido de las enajenaciones. Pero esa música, lamentablemente, hoy no puedo escucharla. En la orquesta hemos perdido excesivos instrumentistas, y la melodía pierde cadencia. Seguiré afiliado a UPyD, pero no puedo afrontar así una campaña: “el baile es imposible y debo desistir”.

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