Peaky Blinders: crimen organizado, luchas sindicales y terrorismo en el Birmingham de principios del XX

Imagen promocional de Peaky Blinders en BBC Two

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La mafia siempre me ha generado un extraña fascinación me temo que provocada por haber leído El Padrino a escondidas cuando apenas levantaba un palmo del suelo. Cada cierto tiempo procuro revisar la trilogía y recordar las aventuras de Michael Corleone, ese joven que aspiraba a abandonar la senda del delito pero acabó convirtiéndose en el cabeza de la familia mafiosa más famosa de la historia del cine, cosas del destino. A pesar de su maldad intrínseca estos mafiosos de ficción siempre me han generado simpatía, una simpatía culpable ante la conciencia de que la mayor parte de sus acciones son delictivas y de que el asesinato es parte de su vida cotidiana.

Esa misma fascinación que generó El Padrino en mi niñez es la que me ha provocado la maravillosa Peaky Blinders, una serie emitida por BBC Two de la que prácticamente no habíamos oído hablar en España y que he disfrutado sin pestañear durante las últimas dos semanas. Muchos hablan de ella como la Boardwalk Empire europea y es, sin duda, una serie que no deja indiferente a nadie.

Sus protagonistas, los Shelby, más conocidos como los Peaky Blinders, son una familia de dudosa honestidad radicada en el Birmingham de los años 20. Los hombres acaban de regresar la la Primera Guerra Mundial periodo durante el que las mujeres han sido las encargadas de cuidar del negocio de las apuestas ilegales. Sus problemas aparecen cuando un nuevo jefe de policía es destinado a la ciudad con una misión: descubrir quien ha robado una partida de armas que podría terminar en manos del IRA. Ese es el planteamiento de partida de la primera temporada, 6 capítulos en los que Thomas Shelby, el cabeza de familia (interpretado de forma magistral por Cillian Murphy) consigue atrapar al espectador y captarlo para su sindicato del crimen, deseando que su archienemigo, el inspector jefe Chester Campbell (al que da vida un magnifico Sam Neil) nunca consiga descubrir sus secretos.

Son dos las temporadas emitidas de esta serie, de la que ya se prepara la tercera sesión, que aborda cuestiones tan dispares como el crimen organizado, las luchas y reivindicaciones obreras de las fábricas británicas de principios del siglo XX, la aparición del IRA o el papel de la policía y los servicios secretos para contener estas tres actividades. Doce capítulos de una hora que se pasan en un suspiro y que pueden ser un buen plan para aquellos que disfrutan estos días de sus vacaciones de Semana Santa. Un respiro de ficción mientras que partidos políticos y periodistas nos preparamos para afrontar las semanas previas a las elecciones autonómicas y municipales que se celebrarán el próximo 24 de mayo. Os recomendamos que lo aprovechéis.

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