Donde habita la memoria

Sabina y su banda

Sabina y su banda

Inauguro con esta entrada el apartado musical en este blog. En cuestiones culturales nos hemos detenido a hablar de literatura o de cine pero, hasta el momento, la música era una asignatura pendiente. Y sobran los motivos para escoger a Sabina. La excusa para ello es el concierto que ofreció el pasado 9 de marzo en Sevilla.

Desde el pasado mes de agosto no veía música en directo. La última vez fue en Málaga, lugar en el que el Robe y yo nos encontrábamos por primera vez. Y si lo recuerdo aquí fue porque Robe es tan poeta como Joaquín… y tan canalla también. Extremoduro es un tipo de poesía que surge del sudor, de la rabia y del instinto. Con Extremoduro te entran ganas de follar. Con Sabina de reflexionar. Me valen ambos.

Joaquín Sabina ha regresado a los escenarios con una gira en la que rinde homenaje a un punto de inflexión en su vida: el momento en el que cumplió 50 años. Aquel año, rememoraba, “me desenamoré y me volví a enamorar”. También fue cuando decidió dejar atrás los bares nocturnos y, por supuesto, el momento en el que publicó uno de sus discos más aplaudidos: “19 días y 500 noches”.

Y recordando aquel año de cambios, inició Sabina su concierto en Sevilla. Un concierto en el que volvió a generarse la misma magia extraña que muy pocos logran y que en Sabina es casi su seña de identidad: la complicidad con el público. Infinidad de guiños cómplices a un público entregado. No faltaron alusiones a la belleza inmortal de Sevilla, “hasta los marcianos, si vinieran, se enamorarían de esta ciudad”; o a la rivalidad entre trianeros y sevillanos. Todo buscando encandilar a sus fieles, entre los que están representadas varias generaciones.

No faltaron muchos de sus temas más conocidos. Sabina es consciente de que se le quiere más por su pasado que por sus últimos discos pero, lejos de deprimirse, creo que ha encontrado el equilibrio perfecto entre la memoria y la actualidad. Máter España es un buen ejemplo de esto que os digo, una canción de añoranza hacia una patria que sólo está ya en nuestra mente (si alguna vez existió).

El jienense ha optado en esta gira por presentar a su banda a través de una de sus canciones más optimistas “Más de cien mentiras”. Una banda sin la que “sería incapaz de subirme a este escenario… y lo digo de manera literal”. Sus músicos de referencia, sus amigos de siempre y la imponente voz de Mara Barros quien dejó mudo al respetable con su visceral interpretación de Y sin embargo te quiero.

El recital fue, sin duda, de menos a más. A Sabina le falla la voz pero continúa teniendo un don para radiografiar el alma. Esa es su mayor virtud: sus canciones te dejan al descubierto las costuras. Te desarma con frases certeras y te hace recordar momentos que, por desgracia, ya no volverán. Un concierto que se rompió a la mitad cuando, por fin, los asistentes se ponían en pie para cantarle a esa condenada princesa. Una canción escrita en los 80 y que es ya, por derecho propio, uno de sus grandes clásicos.

Sabina es música de madrugada, de malas compañías (que suelen ser las mejores) en barras de bar, es música de putas, de droga y de melancolía. Fui incapaz de no llorar en temas que ya forman parte de la banda sonora de mi vida. Fue un concierto catártico y de reencuentro con casi un viejo amigo que, a sus 50+15, sigue teniendo la capacidad para hacernos un poquito más felices… y también más sabios.

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