La nueva raza política

Pedro Sánchez, secretario general del PSOE

Pedro Sánchez, secretario general del PSOE

La política me atrae como estudio sociológico, lo admito. Me interesa poco lo que a la gran mayoría y, sin embargo, me fijo en otros detalles que no suelen llamar la atención. Esta semana llevo dándole vueltas a la palabrota de Pedro Sánchez. Su frase “¿Qué coño tiene que pasar para que Rajoy salga de Moncloa y pise el barro?” me ha hecho plantearme que era necesario hablar aquí de la nueva raza política. De esos políticos diferentes, osados y desenfadados que vienen a sustituir al estilo rancio de toda la vida.

Si pienso en ese nuevo estilo inmediatamente se me viene a la cabeza Albert Rivera. Casi se le puede considerar un pionero en esto que os hablo ya que, allá por 2006, se hizo famoso con su póster de las elecciones catalanas. Aparecía sin ropa lo que, imagino, tuvo que suponer toda una revolución. Así se gestó su fama de político distinto. Un deportista tenaz que no le importa reconocer en mil y una entrevistas que los ratos con su hija (padre divorciado) son los únicos momentos sagrados de su apretada agenda.

Pero Albert no es el único de esta raza. Políticos terrenales con los que, hasta gente tan corriente como yo, podría tomar una cerveza. Pienso también en Borja Sémper, ese donostiarra y madridista confeso. Lo he visto titubear en entrevistas, olvidarse de preguntas y repetir respuestas. Y, aún así, su discurso me resulta convincente. Me creo a este tipo y pienso en cuánta falta le hace al Partido Popular personas como él, capaces de olvidar la soberbia que da el poder y de asumir que el único camino para mejorar pasa por la autocrítica.

Y desde luego entre esa nueva raza está Podemos. Y hablo como formación pues gran parte de sus integrantes ofrecen esa imagen de renovación. Entiendo perfectamente lo que quieren decir y casi hasta me apetece creerles. Lo mismo me ocurre con Alberto Garzón. Creo, honestamente, que su discurso fue el mejor de cuantos se oyeron en el debate sobre el estado de la nación. Me parecieron unas palabras comprometidas y honestas, hasta el punto que acabó recordándome a mil historias sobre la revolución, a esas películas de héroes anónimos y condenados al fracaso. ¡Salud y república!

Y así llegamos a Pedro Sánchez. El asquerosamente encantador Pedro Sánchez. Una sonrisa de infarto y un cuerpo para el pecado son sus mejores armas. También su asombrosa simpatía y su capacidad para interactuar con la gente. Pedro Sánchez, secretario general del PSOE, ha llamado a Sálvame y ha dicho coño. Tal es su osadía que hasta sus propios compañeros (el recuperado Ángel Gabilondo) le han llamado la atención.

Me gustan la mayoría de estas nuevas actitudes. Me sobran los coños (ya estoy yo para decir palabrotas) y las llamadas a Sálvame pero me agradan los cambios y la insurrección. Que este sea el camino pero, por favor, que esta nueva raza política nos traiga también grandes ideas.

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