Sin integración no hay futuro

​Por @mpereztriano

Obama y Cameron en su encuentro de esta semana / Official White House Photo by Pete Souza

Obama y Cameron en su encuentro de esta semana / Official White House Photo by Pete Souza

Barack Obama se manifestó hace unos días en relación a la integración de los inmigrantes, más concretamente musulmanes, en el viejo continente. El Presidente norteamericano, en presencia del Primer Ministro británico, calificó la gestión de la convivencia como uno de los mayores retos a los que se enfrenta el continente europeo. “Nuestra población musulmana sí se siente americana”, añadió el mandatario estadounidense ante la sorpresa e incomodidad de David Cameron.

​Después de los atentados en Francia y las detenciones de presuntos terroristas en el país galo, en Bélgica y en Grecia, no parece que el Presidente de los Estados Unidos de América esté demasiado equivocado. No sé si los musulmanes americanos tienen grabadas las barras y las estrellas en su corazón, pero en Europa es cierto que los diferentes modelos de integración muestran síntomas de agotamiento.

​¿Qué lleva a un joven europeo a marcharse a miles de kilómetros a pelear en una guerra que le es ajena? Es una pregunta difícil de responder. Son muchos los ciudadanos franceses, británicos, holandeses, belgas e incluso españoles que lo han dejado todo y han viajado a matar o morir en nombre de la religión. La situación es alarmante y ha provocado que los dirigentes de los principales países europeos se reúnan para hablar de medidas de seguridad, de control de fronteras… y del enorme peligro de los retornados de Siria. Todo eso está muy bien, pero es menester que la situación se aborde desde otras perspectivas.

​Está claro que algo ha fallado. Se puede comprender que jóvenes de determinados países criados en entornos radicales opten por la vía de la violencia, pero estamos hablando de europeos de segunda o tercera generación que se dejan seducir por mensajes extremistas con origen en una interpretación errónea y maliciosa del Islam. Jóvenes que crecieron en estados democráticos como Francia, Holanda, Bélgica, Reino Unido o Alemania y que abrazan el yihadismo y el terror como forma de vida.

​Si buscamos algún patrón en los jóvenes y las jóvenes que se ven seducidos por el extremismo religioso, podremos encontrar algunas características. Son educados en barrios creados en las afueras de las capitales europeas, lejos del centro de las mismas y de la vida cultural del país de acogida. Barrios convertidos en guetos, a los que pocos europeos de origen se asoman, con un fracaso escolar importante y un paro muy elevado. En este contexto crecen jóvenes de origen inmigrante que después se encuentran con una sociedad que les discrimina. Todo ello junto facilita el camino a la introducción de ideas radicales.

​Un ejemplo parecido existe en Ceuta, en el barrio del Príncipe. Allí se amontonan familias con una evidente falta de recursos, mientras las autoridades muestran una clara incapacidad para abordar el problema y buena parte de la población mira hacia otro lado. La mayoría de los niños y niñas del Príncipe se crían sin salir del barrio, sin casi pisar el centro de la ciudad, y no digamos participar en su vida social y cultural. Una barriada aislada del resto, en la que existe un importante nivel de fracaso escolar, el paro más alto de Europa, españoles que no conocen el castellano… es complicado, pero el Gobierno de Ceuta ha sido incapaz de llevar a cabo un plan integral en la barriada y ha malgastado dinero público en asuntos nimios. Sí, ya sé que no hablamos de inmigrantes, sino de españoles, igual que en París hablamos de franceses y en Bruselas de belgas.

​Junto con las cumbres para hablar de seguridad, es urgente y necesario que los mayores expertos en la materia se sienten a tratar el tema de la integración y de la gestión de la convivencia. Modelos de integración tan diferentes como el británico o el francés deben revisarse y atajar el problema que supone que muchos ciudadanos europeos no se consideren partes del proyecto y se sientan excluidos. La integración, la tolerancia, el respeto a la diversidad y la pluralidad deben ser los pilares del futuro de Europa. Si permitimos que triunfen en nuestras sociedades discursos excluyentes, xenófobos o racistas como los de Marine Le Pen, los terroristas habrán ganado.

 

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