La locura del rey Juan Carlos

Por @Mari_Polin

© Casa de Su Majestad el Rey / Borja Fotógrafos

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Lo confieso: aún me duele lo de Corinna. Por eso no he podido evitar atragantarme cuando, en mitad del almuerzo de este miércoles, saltaba la noticia de que el Tribunal Supremo había admitido una demanda de paternidad contra el rey Juan Carlos quien tiene ahora 20 días para responder ante esta.

Una situación incómoda y que vuelve a situar a Zarzuela en el ojo del huracán de las polémicas. Parece mentira que hace unos años muchos pensáramos que sólo Jaime de Marichalar podía dar problemas en esa modélica familia. Todo ha saltado en pedazos y nuevamente la Casa Real ha debido pronunciarse para mostrar su respeto a la independencia judicial.

Hace unas horas nada sabíamos de Ingrid Sartiau, una mujer belga de 48 años que reclama ser reconocida como hija del anterior jefe del Estado. A pesar de la opinión del fiscal, quien opinaba que no había elementos suficientes para su admisión, el pleno de la Sala de lo Civil ha optado por dar luz verde a esta querella pues reconoce como prueba un acta notarial firmada por la madre de Sartiau, Liliane Ghrislaine, quien ha explicado que mantuvo una corta relación con Juan Carlos I a finales de 1965. En agosto del 66 nació la demandante, lo que significa que, de ser el rey su padre, sería mayor que la infanta Cristina y que el rey Felipe VI.

Una vez que se cumplan los veinte días de plazo dados al rey Juan Carlos, tendría que celebrarse una vista pública, una posibilidad que podría anularse si ambas partes llegan a un acuerdo. Si no se produjera ese consenso llegaríamos en pocos meses a un juicio en el que aún no se sabe si estaría presente el rey. Por otro lado, Don Juan Carlos podría someterse, de forma voluntaria, a una prueba de paternidad lo que evitaría este proceso. O, desde luego, realizar esta prueba a solicitud de los jueces en cuyo caso no podría negarse.

La vía judicial quedó abierta al perder el rey su inviolabilidad tras su abdicación. Cabe preguntarse ahora cuáles serán las consecuencias de este asunto y qué derechos podría tener una hija ilegítima del rey. La lógica indica que si Juan Carlos I se niega a someterse a la prueba de paternidad dará más credibilidad a la historia de Sartiau, a pesar de que esta no pueda tener ningún derecho sucesorio ya que la línea de sucesión quedó determinada con la Constitución Española de 1978.

No obstante, la gran pregunta es si este escándalo puede causar otra herida en la ya maltrecha monarquía española. El rey Felipe VI apenas ha empezado a dar sus primeros pasos y son muchas las cargas que acumula de una familia que no para de darles disgustos. Sin duda, el asunto más grave es el que afecta a la infanta Cristina aunque todo parece indicar que la vejez del rey Juan Carlos va a ser de todo, menos tranquila.

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