¿Qué clase de día ha sido?

Por @LOrtizGomez

Cartel promocional del último episodio de The Newsroom

Cartel promocional del último episodio de The Newsroom

¿Qué clase de día ha sido? Este es el nombre del último capítulo de The Newsroom, el mismo que el del final de El Ala Oeste de la Casa Blanca, el mismo que el de Studio 60… un nuevo guiño de Aaron Sorkin a todos sus seguidores, a esos que durante años se han enamorado de sus personajes idealistas, quijotescos, luchadores y maravillosamente rápidos en sus reacciones. El pasado lunes se emitía en España el final de su última serie (ha dicho que no volverá a escribir para televisión) y en este blog, que como os contaba hace algunas semanas nació gracias a su primera temporada, no podía dejar de hablar de la última temporada de The Newsroom.

Con un ritmo frenético Sorkin ha puesto fin a la que ha sido su mejor serie tras El Ala Oeste y lo ha hecho colocando las cartas sobre la mesa sobre la que es su idea del periodismo. Este oficio, al que algunos dedicamos gran parte de nuestro tiempo, que no debe ser un producto sino un servicio, que avanza a un ritmo vertiginoso gracias a la tecnología y que no deja de plantearnos dilemas morales respecto a lo que es noticia y lo que no. Los seis últimos capítulos de The Newsroom nos llevan a una filtración de información confidencial a través de internet, a la negativa de revelar las fuentes, al encarcelamiento de Will McAvoy y también a la venta de ACN a un nuevo dueño con un solo objetivo: subir la audiencia sin importarle la calidad de la información, su veracidad o las consecuencias de su emisión…

Mención a parte merece la evolución de algunos personajes durante los últimos seis capítulos. Neal Sampat o Maggie Jordan han pasado de aprendices en la primera temporada a auténticos profesionales en la última, Don Keefer de productor obsesionado con la audiencia a hombre de sólidos principios que intenta convencer a una entrevistada polémica de que no acuda a televisión a pesar del impacto que supondría su presencia. Hemos visto a Will, ese jefe que era incapaz de retener el nombre de sus empleados, renunciar a su libertad por uno de ellos… en definitiva hemos seguido su evolución como personas y también como periodistas.

Confesaba hace algunas semanas que mis personajes favoritos han sido Sloan Sabbith y Jim Harper, siento debilidad por ellos y no me ha decepcionado su final, ella luchando contra el mal uso de la tecnología y enfrentándose a sus jefes por este motivo, él cambiando todas sus posesiones por un billete en el avión en el que se suponía que viajaría Snowden desde Rusia hasta Cuba y convirtiéndose en el nuevo productor de Noticias Noche.

Cuando aparecieron los títulos de crédito el pasado lunes no pude evitar sentir tristeza, esa que se siente cuando uno deja atrás a viejos amigos. La misma que sentí cuando me despedí del presidente Barlet o de Josh Lyman… Tristeza porque, aunque a algunos no les guste demasiado, está bien que de vez en cuando venga alguien como Sorkin a mostrarnos un mundo mejor, con gente absolutamente inteligente, rápida, profesional y capaz de defender sus principios. Un mundo de quijotes que luchan contra molinos de viento y que, al final, esta vez sí, ganan.

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