El fútbol no tiene la culpa

Por @Mari_Polin

2011 Ascenso del Granada a Primera División / Foto: Asier Solana Bermejo

2011 Ascenso del Granada a Primera División / Foto: Asier Solana Bermejo

Francisco Javier Romero Taboada. 43 años. Dos hijos. Muerte por traumatismo craneoencefálico tras participar en una reyerta cerca del estadio Vicente Calderón el pasado domingo.

Estos son los datos objetivos de un hecho que nos ha sacudido a todos y que hoy, varios días después de aquel domingo brumoso, sigue generando mucha polémica. La mía es una de tantas opiniones sobre las causas de un incidente que, estamos de acuerdo todos, jamás debió ocurrir.

A nadie, sin embargo, puede sorprender que se produzcan altercados de este tipo. Que sepamos siempre se han producido enfrentamientos entre grupos radicales. No nos suele preocupar salvo que haya algún muerto de por medio. La del domingo no fue una excepción. Rápidamente todos nos rasgamos las vestiduras para denunciar y lamentar una nueva tragedia relacionada con el fútbol. Tragedia sí, desde luego. Pero evitable y que parte del sin sentido que supone citarse a las nueve de la mañana para pegarse. Por unos colores y en defensa de un escudo (o eso dicen ellos).

El primer foco de la polémica surgió de la no suspensión del partido entre el Atlético de Madrid y el Deportivo de la Coruña. Estoy muy de acuerdo en que se jugara aunque, por supuesto, hubiera preferido que la decisión se hubiera tomado desde la sensatez y no como consecuencia de no contactar con la Real Federación Española de Fútbol.

Suspender ese encuentro y el resto de la jornada hubiera sido, en mi opinión, aceptar que el fútbol es el causante de lo sucedido. El fútbol es un escenario más como puede serlo la política. Sí es cierto y entiendo que el clima de tensión que se genera en muchos partidos y la rivalidad (lógica) entre equipos de fútbol puede ser un buen caldo de cultivo. Pero no comparto la idea de que la solución sea prohibir la entrada a estos ultras en los estadios. Ese es un primer paso de una serie de medidas que deberían adoptarse y que pasan por combatir estos grupos que fomentan, no sólo la violencia sino también racismo. Y condenar a quienes cometan delito.

Ahora bien, retomo al fútbol y reclamo un poco de coherencia. Es inmoral lamentar estos sucesos y tomar decisiones para tener contenta a la opinión pública. Ahora, dicen, es el momento de echar a los ultras de los campos de fútbol pero ¿por qué no antes? ¿Es que hace una semana no se peleaba nadie? ¿Y es que no van a poder pelearse en otro sitio? Son muchísimas las preguntas que me hago en este tema y tampoco me olvido de jugadores, periodista y aficionados que ríen las gracias de estos radicales.

Por ello, dejen al fútbol en paz y a quienes queremos disfrutarlo. A todos los que van a los campos con ilusión y a quienes prefieren una discusión del Madrid-Barça en la oficina que quedar para partirse la cabeza. El fútbol es tan grande que, una vez más, lamento que vuelva a formar parte de hechos tan terribles. Centrémonos en el verdadero problema y no en cantos de sirena.

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