De Cantora a la cárcel

Por Mari_Polin

Isabel_Pantoja_-_01No veo Sálvame. Y no, no soy una de tantos que lo niega con vehemencia para, después, casi con miedo, poner la tele para pasar un rato a medio camino entre la culpabilidad y el placer. Si viera este programa y sus sucedáneos, no tendría mayor problema en reconocerlo como así le ocurre a mi madre, una de tantos espectadores que estos días se ha especializado en Derecho Penal para seguir el caso Pantoja.

Porque el caso Pantoja tiene mucha miga. Muchísima. Nada tiene que envidiar a ningún culebrón. Capítulo tras capítulo el asunto se pone cada vez más interesante, esperando que, por fin, lleguemos al desenlace de una historia que comenzó allá por 2003, año en el que Isabel Pantoja perdió el norte y el sentido de la decencia, si alguna vez lo tuvo.

No quiero pensar, porque aún me queda una pizca de ingenuidad, que Isabel Pantoja haya sido siempre tan desvergonzada. Y digo esto porque no acierto a comprender cómo una persona puede arrastrarse de esa manera para no llegar a la cárcel. Cómo es posible que alguien que ha despertado tanta admiración en nuestro país se escude en un, supuesto, enamoramiento para enmascarar un fraude en toda regla.

Hoy “la viuda de España” hace mil y una maniobras para evitar ir a la cárcel. Tan esperpéntico resulta el asunto que sus propios admiradores están intentando recaudar dinero para pagar una multa por blanqueo de capitales. Lo triste es que sí, hay muchísimas personas que están ayudando a la tonadillera. Personas anónimas que, casi con seguridad, tendrán muchísimo menos presupuesto para llegar a fin de mes que el que tiene Isabel Pantoja para sus caprichos. Aunque, tampoco nos sorprendamos demasiado, seguimos estando en el mismo país que ha visto aplaudir a delincuentes y que continúa votando a partidos que no han cumplido ni una sola de sus promesas electorales.

Pero volvamos a la Pantoja. Porque Isabel espera en Cantora a que sus abogados logren la suspensión de su condena. Eso, la misma semana en que Maite Zaldívar, otra de las implicadas y cornuda de manual, ha entrado en prisión. Mítica es ya la imagen en la que cambia su gesto cariacontecido por una sonrisa forzada, mientras sujeta en su mano un ramo de flores para la cantante. Porque aquella artista, y por entonces imagen de Marbella, le quitó el marido en sus narices. Fue la etapa del desenfreno, de las imágenes empalagosas en el Rocío y de aquellos “dientes, dientes” que culminó de forma abrupta poco después de la detención de Julián Muñoz. El exalcalde cumple condena en Alhaurín de la Torre, la misma en la que su exmujer ha ingresado para cumplir una pena de dos años y medio.

Aunque no está confirmado, parece que la suerte de Isabel Pantoja se conocerá antes de que concluya esta semana. Sus abogados parecen confiar en que la acusada cumple los requisitos para no entrar en prisión. Su entorno, sin embargo, no lo tiene claro y hasta la propia Chabelita, su hija pequeña, admite la preocupación que reina en la finca. Chabelita, eso sí, parece la menos inquieta, bien por su juventud o bien por su estupidez.

También yo espero a que se resuelva este caso. Un caso más de corrupción de tantos que, hoy día, salpican las noticias. Estamos tan acostumbrados a que eso ocurra tan frecuentemente que dejamos de darle la importancia que merece. El de Isabel Pantoja sólo es uno de los más mediáticos pero, precisamente por ello, confío en que concluya de la forma más justa posible. De la única forma posible, en realidad.

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