Y se reventó el globo

Por @Mari_Polin

ARTUR MAS(1)Reconozco que Artur Mas me tiene despistadísima. Este giro estrafalario de los acontecimientos me ha dejado muy tocada y aún me cuesta plasmar en estas palabras cuáles son mis impresiones sobre este asunto, que prosigue su imparable camino para convertirse en uno de los grandes esperpentos de este país absurdo.

Pero, centrémonos y retrocedamos al momento en que se conoció la noticia de que el presidente del Govern, nuestro entrañable Artur, se rendía y daba por finiquitada esta deriva soberanista que se iniciaba, recordemos, en la Diada de 2012. Muchos eran los que no dábamos crédito y volvíamos a apostar por la salida más sencilla: la convocatoria de elecciones y el traspaso del reto al partido más preparado para afrontarlo: Esquerra Republicana.

Sin embargo, Mas nos tenía reservada una pirueta digna de cualquier función del Circo del Sol. Cuando apenas nos sacudíamos las legañas de este martes, el presidente comparecía ante los medios para anunciar que no, no iba a haber consulta aunque, sí, sí que la iba a haber. Un sí pero no, pero igual sí, aunque no así y, finalmente, sí, que sí.

De esta forma, desde la Generalitat se ha prometido sacar urnas y papeletas. Muchas urnas y muchas papeletas. Y también muchos voluntarios. Y montar una consulta alternativa, con aún menos garantías democráticas que la original (que ya es decir). Un disparate que le ha costado el tirón de orejas del resto de partidos y la mofa de buena parte de la opinión pública.

Porque, si bien soy partidaria de llegar hasta el final en este asunto, entiendo que esta nueva opción deja insatisfechos a todos. Porque los catalanes podrán seguir votando sobre su futuro pero la validez de ese voto será comparable a la de otras consultas populares que han venido haciéndose en los últimos años. CIU se escuda en que quieren conocer la opinión de la población pero ¿no es un poco tarde para eso? Es decir, ¿no debió hacerlo antes de meterse en este despropósito? ¿O es que ya se han olvidado los últimos 11 de septiembre?

La meta del Govern son esas elecciones plebiscitarias. Una alternativa no contemplada en el ordenamiento jurídico de nuestro país y de la que nada se ha sabido hasta ahora. Mas se escuda en que estaba claro que el referéndum del 9 de noviembre no iba a ser definitivo. Y no duda en culpar a sus, hasta ahora, socios de la ruptura de este consenso. Pero ¿estaba claro para todos los catalanes que han puesto todas sus esperanzas en ese 9 de noviembre? Cómo podrá ahora CIU manejar esta frustración colectiva, de los que se han creído que la independencia era posible y de los otros, los que prácticamente se sienten extranjeros en su propia tierra.

He hablado ya en otras ocasiones de lo que más me preocupa sobre este tema: la fractura social. Una herida abierta en el pueblo catalán que, presiento, tardará bastante en cicatrizar. Porque pocos creen ya en esa consulta alternativa e, incluso, Esquerra Republicana se ha atrevido a plantear una declaración unilateral de independencia, por lo que asumo que no se ha contemplado la posibilidad de que ese referéndum fuera contrario a la independencia.

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