Prostituyamos el PIB

Por @Mari_Polin

Sex Shop, calle Montera (Madrid)

Sex Shop, calle Montera (Madrid)

Estoy de vacaciones. De ahí que hubiera decidido dejar el vodevil catalán y centrarme en otros temas mucho más agradecidos. Quería escribir una entrada sobre Fernande Grudet, más conocida como madame Claude. Una venerable anciana de 91 años, famosa por haber sido una de las proxenetas más reconocidas de la historia. Un título ganado a pulso, desde luego, teniendo en cuenta que entre sus clientes se encontraban personajes tan importantes como John F. Kennedy o el Sha de Persia.

A madame Claude se le atribuye una de las frases más cruelmente certeras que he escuchado en muchísimo tiempo: “hay dos cosas por las que la gente siempre va a pagar: comida y sexo”. Una filosofía tan descarnada y una mentalidad tan pragmática que la convirtieron en la madame favorita de Hollywood. Millones de vivencias de una mujer que odiaba la palabra prostitución y que prefería denominar a sus chicas como sus “cisnes”. Unas chicas entrenadas para moverse en los ambientes más selectos de la época y, por supuesto, perfectamente elegidas según el gusto de cada cliente. Kennedy, por ejemplo, buscaba a una mujer parecida a Jackie pero, eso sí, muchísimo más fogosa que su esposa.

Llegados a este punto, os preguntaréis qué tiene que ver el relato de esta vida apasionante (moralidades aparte) con el título de la entrada. Pues bien, alguien me sugirió que, además de hablaros sobre madame Claude y sus andanzas, también lo hiciera sobre el nuevo modelo para el Producto Interior Bruto en el que ya se han incluido las drogas y, obviamente, la prostitución.

Una cuestión tan interesante que vuelve a poner encima de la mesa uno de mis caballos de batalla predilectos: la necesaria legalización de estos dos negocios tan terribles como lucrativos. Ni el sexo ni las drogas dejarán de estar de moda así que, ¿por qué no hacerlo bien?

Y quien lo dice no soy (solo) yo, sino el Instituto Nacional Estadística que ha estimado que si drogamos y prostituimos al PIB, este elevará en casi 30000 millones la economía española. Un cálculo no exacto, lógicamente, teniendo en cuenta que tanto el tráfico de drogas como la prostitución son actividades al margen de la ley y, por tanto, de muy difícil cuantificación. No obstante, se han analizado datos referentes a la cantidad de incautaciones de la Policía o el número de personas que ejercen la prostitución en nuestro país. El INE asegura haber consultado hasta 500 fuentes distintas para elaborar sus cálculos y, de confirmarse, estas cifras serían una excelente noticia para nuestra endeudada economía.

El siguiente paso lógico debería ser la legalización de estas actividades. Una medida que, aunque lejos de ser una realidad, no es tan descabellada y que ha llegado a tener eco desde varios sectores. Es más, hasta la Organización Profesional de Inspectores de Hacienda del Estado la ha recomendado como una vía para aumentar nuestros ingresos y acabar contra sus efectos más nocivos.

En el caso de la prostitución, la regulación se hace aún más necesaria. Si la relación sexual es consentida y quien ejerce la prostitución no está sometida por la fuerza, no veo motivo para no ofrecerles derechos laborales. Si hay voluntariedad, hablamos de un trabajo y, como tal, debe ser tratado.

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