La joven de la mirada vieja

Por @Mari_Polin

La actriz Lauren Bacall

La actriz Lauren Bacall

Nicole Kidman y Lauren Bacall coincidieron en películas como Reencarnación o Dogville. Durante la promoción de una de estas se encontraron con un periodista encandilado con el buen hacer de la australiana (o debería decir hawaiana). Tan rendido estaba que llegó a decirle “es usted una leyenda”, una afirmación que tuvo rápida respuesta por parte de Bacall: “para ser una leyenda hay que ser vieja”.

Pues bien, esta ‘vieja’ nos dejaba esta semana un poco más huérfanos de leyendas cinematográficas. A sus casi 90 años moría una de las actrices con más personalidad de eso que hoy llamamos la edad dorada de Hollywood. Mucho tiempo ha pasado desde aquel 1944 en el que Howard Hawks (siguiendo una recomendación de su esposa quien había reparado en la actriz gracias a la portada de la revista de moda Harper´s Bazaar) unía, por primera vez en pantalla, a una de esas parejas que ya forman parte del imaginario colectivo. Aquel “si me necesitas, silba” es hoy una de las frases más recordadas de la historia del cine y ese encuentro sirvió para que una sensual, y jovencísima, neoyorquina dejara boquiabierto a uno de los mitos de la época (eterno Bogart).

Fue el inicio de una serie de encuentros que dieron frutos tan emblemáticos como El sueño eterno o Cayo Largo. Lauren Bacall y Humphrey Bogart permanecieron unidos hasta la muerte de él, aunque para nosotros, simples mortales, estos dos iconos seguirán juntos para siempre como así continúan Katherine Hepburn y Spencer Tracy o Clark Gable y Carole Lombard.

La década de los 40 fue la más exitosa para Bacall aunque los años siguientes tampoco la trataron mal pues rodó películas tan interesantes como La tela de araña, de Vincente Minnelli, o Escrito sobre el viento del rey del melodrama, Douglas Sirk. Sin embargo solo unas pocas de sus siguientes apariciones en el cine han logrado superar la barrera del tiempo salvo, quizás, Asesinato en el Orient Express.

Cuesta creer, eso sí, que alguien como Lauren Bacall haya sido tan poco premiada. Su monumental enfado tras “perder” el Oscar a la mejor actriz secundaria ante Juliette Binoche forma parte ya de las mil y una anécdotas de las ceremonias de entrega y tuvo que conformarse con uno honorífico que la Academia le concedió en 2009. Una ingratitud hacia un mito que sí ha logrado el respeto y el reconocimiento para los que nos llamamos cinéfilos. Más allá de su relación con Humphrey Bogart, Lauren Bacall merece ser recordada gracias a su aire desafiante, a su mirada dura y felina y a su presencia casi hipnótica. Con Bacall se marcha otra parte de una época irrepetible pero, lo bueno del cine, es que basta con apagar las luces y encender una pantalla para comenzar a soñar.

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