El estallido del horror

Por @Mari_Polin

ébola(1)Hace unos años oímos hablar por primera vez del virus del ébola. Una letal enfermedad surgida en el corazón de África que arrasaba a su paso y que debía su nombre al río Ébola cercano a la aldea en donde se produjo el primer brote. Epidemias del ébola ya ha habido varias desde aquel 1976. En 2012 hubo una en Congo aunque, afortunadamente, con una mortalidad de ‘solo’ el 30%. La de ahora, sin embargo, lleva a la muerte a entre el 80 y el 90% de los infectados. El lapso de tiempo entre el contagio y el fallecimiento del paciente no supera los 21 días… en el mejor de los casos.

Se transmite a través de los fluidos, cualquiera de ellos y, especialmente, estar en contacto con los enfermos y con los cuerpos de los fallecidos. El brote actual se ceba en tres países: Guinea, con 385 muertos, Sierra Leona con 273 y Liberia con 255 (también hay casos en Nigeria). Al ser un virus, no existe una cura para el ébola salvo un tratamiento de soporte que provoque que el sistema inmunológico del paciente afectado esté en las mejores condiciones para desarrollar anticuerpos. Algo que se consigue con antibióticos y también con una correcta nutrición, hidratación e higiene.

Desgraciadamente este nuevo brote continúa activo y ya ha afectado a casi 1500 personas. De hecho países como Sierra Leona alertan de que lo peor está por llegar. Los controles militares se intensifican en las salidas de Freetown, la capital de Sierra Leona, y las precauciones son cada vez más férreas. La gente siente miedo y empieza a comprender el alcance de lo que está ocurriendo.

No sólo hay contagios entre los ciudadanos, también el personal médico está afectado. El caso más conocido fue el de Umar Khan, convertido ya en un símbolo de la lucha contra el ébola. También el estadounidense Kent Brantly quien ya se encuentra en suelo norteamericano tras recibir una especie de suero experimental que ha mejorado su estado. Estados Unidos también ha recibido a Nancy Writebol, tratada con el mismo tratamiento que Brantly aunque con resultados menos halagüeños. Además, este medicamento, el ZMapp, aún no está aprobado para su uso en humanos por lo que es pronto para la esperanza.

Y, mientras tanto, el Hospital Carlos III de Madrid ya ha recibido a Miguel Pajares, el primer español afectado por el virus. La sexta planta de este recinto es el lugar en el que el sacerdote recibe los cuidados para intentar frenar el avance del ébola. Desde la base de Torrejón de Ardoz despegó un Airbus 310 rumbo a Liberia. El avión llegaba hoy a España y era trasladado desde la base militar al centro hospitalario.

Es la primera vez que un enfermo de ébola ingresa en un hospital español por lo que se prevé seguir a rajatabla el protocolo previsto por la OMS y la supervisión de un equipo de expertos. Aunque no hay garantías de recuperación y, por tanto, el debate sobre si los trámites del traslado han durado demasiado continúa abierto. Lo único seguro es que el virus del ébola prosigue su camino en una nueva epidemia que, con casi un millar de muertes, ya es la más demoledora de todas.

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