Se llamaba Miguel

Por @Mari_Polin

Ahora que miramos embobados hacia el continente americano donde se va despidiendo el Mundial, es justo detenerse en otros momentos deportivos y también, por qué no, en ver qué hay detrás de todas esas luces que acompañan a un evento de estas características.

Poster de La Carrera de Miguel

Poster de La Carrera de Miguel

Porque entre las sombras está la historia de Miguel. Miguel Venancio Sánchez. En el momento de su desaparición tenía 25 años y el encanto de quien se sabe guapo y querido. Miguel era un buen deportista: había sido futbolista y ahora prefería el atletismo. Cuando salía a la calle solía preguntarle qué tal iba vestido, un gesto que ella no ha olvidado. Tampoco olvida que su madre murió con la pena de no saber qué había pasado con su hijo. Y murió sin tocar nada de sus pertenencias, soñando con que, algún día, su hijo amado regresaría con su eterna sonrisa.

El único pecado de Miguel era el de pertenecer a la Unidad Peronista. Aunque bueno, hubo otros que desaparecieron porque sí, no hay que buscar una explicación a lo que no la tiene. Lo que sí sabemos fue que desapareció el 8 de enero de 1978, año en el que Argentina se vestía de gala para celebrar un Mundial.

Miguel habría sido uno más, uno de tantos si dos periodistas deportistas del diario Clarín no hubieran escrito su historia, veinte años después de su desaparición. Ese reportaje fue a su vez investigado por otro periodista de La Gazzetta dello Sport para terminar convirtiéndose en un libro: ‘La carrera de Miguel’.

La obra acabó dando nombre a la primera de las carreras que, en homenaje a Miguel, se ha celebrado desde entonces. La más significativa, quizás, la que se corre en el lugar de su desaparición bajo el lema ‘Corremos para no olvidar’. Ni a Miguel ni a ningún otro. Ni a ninguno de los más de 13000 casos (registrados, aunque pueden ser muchos más) de desapariciones durante el gobierno militar en Argentina.

El Mundial del 78 fue utilizado por ese gobierno como una fórmula de reivindicación. Las calles llenas personas celebrando la victoria de la selección argentina sirvió para mostrar al mundo que los argentinos vivían felices y en paz. Por suerte hoy, gracias a todos esos reportajes y a la investigación de muchos periodistas, somos capaces de ver más allá y de sentir vergüenza.

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