Una corona torcida

Por @Mari_Polin

© Casa de S.M. el Rey / Cristina García Rodero

© Casa de S.M. el Rey / Cristina García Rodero

Con el proyecto de la Ley Orgánica de Abdicación del rey Juan Carlos I aprobada con una aplastante (y esperada) mayoría nos encaminamos a ese 19 de junio, día en el que se producirá la programación de Felipe VI como nuevo monarca. En esa fecha España vivirá un acontecimiento histórico: el fin de un reinado y el comienzo de otro. Un relevo extraño al que no asistirá Don Juan Carlos. Sí lo hará la reina Sofía y la infanta Elena (su otra hermana queda, lógicamente, apartada de cualquier acto institucional). Todo sea para dar “el mayor protagonismo al nuevo rey”, justifica La Zarzuela.

Aún con los ecos de las manifestaciones y protestas demandando un referéndum, accederá al trono de España un hombre de 46 años, casado y padre de dos hijas. Tras formarse militarmente, se licenció en Derecho para, posteriormente, cursar un máster en Relaciones Internacionales en Estados Unidos. Habla, por tanto, inglés y también domina el francés.

Sus detractores poco tienen que objetar a su formación, eso es indiscutible. Aún así, resultan notorias la gran cantidad de personas que han alzado la voz para pedir votar si lo quieren o no como rey. Hasta yo, monárquica más por corazón que por sentido común, creí oportuna esa votación. Era una forma de que Felipe VI legitimase su reinado. Y sí, sé que su reinado está legitimado por la Constitución Española de 1978. Pero la crisis constitucional es un hecho que, como nuevo monarca, no puede ignorar.

Yo no tengo ningún tipo de problema con esa constitución. Pero comprendo a los que sí lo tienen. Soy muy consciente de que el país está herido y maltrecho, de que ya no nos conformamos con que nos cuenten milongas. Que queremos transparencia, empatía y coherencia.

Todo ese descontento y ese hastío se palpan diariamente pero también se ha visto en las urnas, con las pasadas Elecciones Europeas, y en las calles, con las manifestaciones contra la monarquía. No hay que mirar para otro lado sino asumir los problemas. Confío más en la inteligencia del Príncipe de Asturias que en sus valores morales.

El día 19 de junio a las diez y media de la mañana, Don Felipe dejará de ser el heredero al trono para convertirse en el rey Felipe VI. Tras la ceremonia, los Reyes, acompañados por la nueva Princesa de Asturias, presidirán un desfile militar desde la escalera de la Puerta de los Leones para, un poco más tarde, realizar un recorrido por algunas de las calles más emblemáticas de Madrid.

Ese día estaré viendo atentamente la televisión. Y pensando en la cantidad de retos y dificultades que esperan a los nuevos reyes. Les deseo suerte, sinceramente, porque la van a necesitar.

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