Grela Bravo: “Es muy necesario servicios de atención y asistencia a las víctimas, pero mucho más aún erradicar el problema de fondo”

Por @LOrtizGomez

Grela Bravo es la autora de ‘Voces Prestadas’, una obra que pone sobre la mesa la situación de aquellas mujeres y sus hijos víctimas de la violencia machista. Absolutamente comprometida con la causa, Grela Bravo ha cedido los beneficios de los derechos de autor de este libro a la asociación ACTIVA muy presente en todo el proceso de creación de estas ‘Voces Prestadas’ Esta escritora, psicóloga, gestora cultural, mediadora social e intercultural y community manager se encuentra en este momento en plena promoción de su cuarto libro ‘Sobrevivir al dolor’ pero ha dedicado su tiempo a ‘De Vuelta y Vuelta’ para hablar de la situación actual de las víctimas de la violencia de género.

Pregunta: ¿Cómo surge la idea de escribir este libro? ¿Qué te llevó a ponerte en la piel de aquellas que sufren la violencia machista?

Grela Bravo, autora de 'Voces Prestadas' / Foto: cedida por Grela Bravo

Grela Bravo, autora de ‘Voces Prestadas’ / Foto: cedida por Grela Bravo

Respuesta: En el libro explicamos cómo surgió todo, la idea, la propuesta y como llegó a ser el libro que finalmente es. Pero las razones del ‘por qué’ son muchas. Sin duda la vida está llena de causalidades… Yo había ido a presentar mi ópera prima a Granada (“No es mi nombre, allá por la primavera del 2011…) y ese mismo día por coincidencias profesionales con mi hermana, conocí a dos de las personas que trabajan en ACTIVA, una Asociación andaluza de Atención a Mujeres Víctimas de Violencia de Género y/o Sexual. Allí me contaron parte de su labor y me explicaron uno de los talleres que realizaban con estas mujeres, lo llamaban :”Taller de autobiografías”. En él estas mujeres escribían sus vivencias, sus experiencias… como parte del trabajo y proceso terapéutico de rehabilitación. También me comentaron las dificultades económicas por las que estaban pasando como Entidad, por haber perdido o visto muy reducidas, parte de las subvenciones que les sustentaban. Un mal ya casi endémico que sufren tantas Entidades y Organizaciones, e incluso Instituciones, y cuya labor sin embargo es no solo tan importante, sino (a mi parecer) imprescindible.

Lo que más llamó mi atención y mi interés sobre el trabajo de esta en concreto, era un Programa prácticamente pionero en España, de Atención Integral a hijas e hijos de víctimas de violencia doméstica. Y yo, que vocacionalmente he dado mis primeros pasos (esos que marcan de manera decisiva nuestra carrera profesional y hasta personal) en la Atención a la Infancia y la Adolescencia, me sentí inmediata e irremediablemente tocada por esta iniciativa. Pues siempre he creido que para bien o para mal, es en esta etapa temprana de nuestras vidas donde se decide todo. Y es en la educación de los niños donde se proyecta una sociedad. Todo lo que se invierta y se incida en la infancia será desarrollado en la sociedad adulta. Como en muchas otras circusntancias, los hijos acaban siendo esas otras víctimas en la sombra.
Luego me dijeron “¿queremos contar nuestra historia, nos gustaría que nos ayudaras, quieres?” y desde ese momento decidí que no solo quería sino que debía hacerlo. Y en ese momento también decidí (aunque todavía tardé en decírselo) que donaría mis derechos en favor de este proyecto de atención a hijas e hijos, como una manera de apoyar algo en lo que creo es la verdadera llave de la ‘curación’ la intervención temprana y la asistencia a los menores.

P: Abordar un asunto como el de la violencia de género es complicado, hablamos de mujeres maltratadas y humilladas por aquellos a quienes un día amaron, con los que decidieron compartir su vida, con los que tienen hijos ¿cómo se abordan todas estas circunstancias a la hora de sentarse a escribir un libro?

R: Desde el primer instante tuve claro el título, mucho antes que el cómo y cuándo lo iba a narrar.”Voces prestadas” Quería dejar constancia que lo que guardarían estas páginas era la Voz, las voces, que normalmente no se oyen, que no oímos, o no se pueden hacer oír. Y que mi autoría solo rubricara dejando claro ese préstamo. La vocación de este libro es la de dar amplificador a esa voz en off que todas ellas guardan en sus miradas.

Las mujeres que conocí fueron valientes y generosas (dos palabras o conceptos que me parecen ya casi inseparables) Porque ser generoso es un acto de valentía. Con los titubeos lógicos y normales de quien va a compartir al fin y al cabo con una ‘extraña’ una parte de su intimidad. Una parte tan dolorosa de su intimidad. Ser consciente de esa dificultad y del valor que eso tenia, ha sido un horizonte (un punto de partida a la vez) durante todo el proceso creativo de narración. Si algo tenía claro era que no quería que se tratara de una enumeración de casos. Porque lamentablemente esta problemática, esta lacra social, prácticamente se ha reducido a cuantificar víctimas. Si algo pretendía este proyecto era huír de números. Algo a lo que entre todos hemos condenado esta realidad. Cuantificar víctimas, víctimas mortales. Yo no quería contar más, quería contarlas… contalas a ellas. Eso y sobre todo también darles el protagonismo.

Grela Bravo / Foto: cedida por Grela Bravo

Grela Bravo / Foto: cedida por Grela Bravo

P: Nosotros, toda la sociedad, tenemos una responsabilidad a la hora de proteger a estas mujeres pero hay algo que no funciona cuando vemos que los casos se suceden, que mujeres siguen muriendo a manos de sus parejas ¿Dónde estamos fallando?

R: Como decía, y trato de transmitir siempre, hay un estigma injusto y equivocado de lo que es una víctima de maltrato. Es decir, la torpe creencia de que existe un perfil de víctima de violencia de género. Pues no. No es así. Eso solo responde al prejuicio con el que hemos etiquetado lo que para nosotros debe ser una víctima. Prejuicio por otro lado que solo ha contribuido en todos los casos hacer más difícil si cabe para ellas, y ellos, la posibilidad de identificarse como tal y pedir ayuda. No hay edad, ni condición, ni apariencia física que la legitime. Lamentablemente esto le puede ocurrir a cualquiera. Lo que existe en todo caso es un perfil, tan solo desde el punto de vista psicológico, compartamental, del victimario. Muchas veces, aunque se tienden a repetir patrones (si el entorno no ayuda o subsidia) hay personas ; hombre y mujer, que fuera de esa relación mútua no tienen ningún tipo de conducta agresiva, ni siquiera violenta. A veces la violencia se da en una dinámica relacional. Debemos saber que cualquiera puede sufrir esta violencia.

P: Durante años se ha hablado de la importancia de la educación, de la necesidad de hacer ver a los pequeños de la casa que somos iguales, y, sin embargo, echando un ojo a las estadísticas comprobamos que cada vez son más las mujeres jóvenes que sufren esta violencia por parte de sus parejas ¿qué está pasando?

R: Supongo que nuestro sistema social en general responde a los conflictos bajo la premisa del castigo. En establecer la dicotomía en cada caso entre victimario y víctima y aplicar según parámetros “x” un castigo cuando se decide o se acuerda que un sujeto inflije la ley, o las normas que la sociedad entienden como válidas. Y el problema va más allá. Mucho más lejos y profundo que “poner la tirita”.

Es muy necesario servicios de atención y asistencia a las víctimas, pero mucho más aún, y más urgente si cabe, erradicar el problema de fondo. De base. Es nuestro deber (no solo del entorno inmediato sino de todos los ciudadanos) evitar la violencia. Ser conscientes de la importancia crucial de la educación. A todos los niveles; emocional, cultural, psicoafectiva, social… Solo desde ahí se puede atajar la violencia. Debemos salvar por todos los medios a nuestros menores y jóvenes de cualquier tipo de violencia. La violencia genera violencia. Y vivimos y alimentamos una sociedad violenta, en su comunicación, en sus códigos, en sus valores…y en sus leyes.

Creo que responde a la manera en que las sociedades en cierto modo articulan y organizan sus roles. El patriarcado que se ejerce en la mayoria del planeta, en última instancia fija unas reglas de juego, de poder, de supremacia. Donde lo masculino ordena y ‘supervisa’ todo. Eso está arraigado e interiorizado de manera -en cierto modo- casi insconsciente en muchas culturas y formas sociales.
Sin embargo la violencia que se da en el entorno domestico, en el núcleo familiar, en las relaciones… es la expresión última de estos roles aceptados.

La violencia que explota en agresión, es la peor versión del miedo. Un miedo ancestral. Un miedo irracional que el sujeto no es capaz de gestionar. Miedo a perder el poder, miedo a su insignificancia, miedo a el mismo. Miedo a que la mujer pierda el miedo.
Es complejo, tiene muchas formas de expresión, pero creo que en esencia es eso: miedo llevado al extremo.
Hace años que los expertos y todos los profesionales que de algún modo u otro trabajamos o intervenimos a distintos niveles con jóvenes, detectamos lo que algunos llaman “un nuevo brote de violencia machista”. Me reitero una vez más, la verdadera solución está en educar en otros valores desde edades muy tempranas. No solo en el núcleo familiar, sino como sociedad en conjunto. Los mensajes que en cierto modo sustentan formas desiguales de relación (hombre-mujer) están inmersos en infinidad de códigos sociales. A veces nos pasan desapercibidos.
Los jóvenes siempre han sido un termómetro de la “salud” que goza una sociedad… en este sentido y entendiendo a los datos, deberíamos reflexionar qué está ocurriendo y por qué…

P: En esta obra, compuesta de siete relatos, ¿cuánto hay de realidad y cuanto hay de ficción?

R: La verdad es que después de este trabajo me llevo en los bolsillos un montón de cosas. Cosas que nunca podré contar. Cosas que aprendí. Muchos momentos, silencios… y fuerza. Hay cosas que he tenido la fortuna de compartir con ellas muy muy duras, muy dolorosas.
No me llama la atención ninguna más que las otras, porque todas tienen mucho que contar. Y todas encierran muchas otras historias y mujeres detrás. A la vez cada una es única y lo que las hace distinta es precisamente eso: su protagonista.
He tratado de explicar lo que no se ha dicho. (“No todo lo que se dijo se puede contar, ni todo lo que se puede contar se dijo”…en el libro)
Para acabar narrando siete historias (que combinan hechos reales con ficción; literatura) yo quise conocer unas cuantas decenas de mujeres. Aunque la muestra siempre acaba siendo lamentablemente ínfima en comparación con el total de víctimas tan solo en nuestro país, por ejemplo.

Detrás de esas 7 historias hay muchas mujeres… mucho dolor, mucho silencio,muchas horas, días y años de unas vidas a veces no vividas. Pero el libro narra todo lo demás. Lo que queda detrás. Despúes. Lo que en realidad son: ELLAS. Me llama especialmente la atención a pesar de todo lo valientes y fuertes que al final descubren que son, todas y cada una de ellas.
Eso y que no importa la edad, vida ni condición que tengan para haber sufrido el maltrato.

P: Leyendo las reseñas de Voces Prestadas, todo el mundo insiste en una palabra, compromiso, en este caso tu compromiso en esta causa que se traduce también en el destino de los derechos de autor de este libro ¿a dónde van?

R: Los beneficios recaudados de la venta se destinan íntegramente a la Asociación ACTIVA de Granada, y en concreto a su proyecto de atención a hijas e hijos de víctimas de violencia de género. Yo cedí mis derechos en su beneficio. En septiembre de este año está previsto hacer entrega del donativo, con lo recaudado desde que el libro se comercializó (junio del 2013).

P: Voces Prestadas quiere transmitir también un mensaje de esperanza ¿por qué?

Grela Bravo en la presentación de 'Voces Prestadas' en FNAC / Foto: cedida por Grela Bravo

Grela Bravo en la presentación de ‘Voces Prestadas’ en FNAC / Foto: cedida por Grela Bravo

R: Aquí hay siete historias narradas, pero detrás de ellas hay mucho más. Y cada renglón escrito encierra horas y horas, vivencias, silencios, secretos, lágrimas, marcas… días y días, de unas vidas a veces no vividas.

Este libro es un pequeño homenaje a todas ellas. A todas esas mujeres que de un modo u otro son las protagonistas de estas páginas, y ahora por fin, también son las protagonistas de sus propias historias. He tenido la ocasión de estar con ellas, mirarles a los ojos y asomarme en ellos. Porque en la profundidad de una mirada habitan más explicaciones que en todas las páginas de ninguna biografía. Y porque hay episodios que sólo pueden leerse y comprenderse así. Ahí.
De ese modo, y con el valor que me han prestado, desde la más sincera admiración, he intentado conjugar sus voces. Darles el eco que merecían. Testimoniar su experiencia. Para que no caiga en el olvido. Aunque ellas están aprendiendo a aprender a olvidar, los demás les deben esa oportunidad. Devolverles el protagonismo que nunca debieron perder.
Cada historia es única, distinta. Pero siempre hay un denominador común en todas ellas. En el antes y en el después de la violencia. Violenica física y psicológica. A veces de heridas más devastadoras aún si cabe. Aunque ahora sólo quiero detenerme en el después… Y ahí, desde ahí; he aprenhendido a estas mujeres. Todas y cada una de ellas. Valientes, con una bondad grabada en sus gestos como marca de agua. Con una belleza conquistada en la más larga y difícil de las batallas por la libertad. Y ganada por derecho propio. Con una ilusión renovada y tallada a mano, con paciencia, con perseverancia, con toda la voluntad que cabe en el arco donde fallan las fuerzas, con toda y más.

Sí, mujeres fuertes, buenas, valientes, luchadoras, bonitas y jóvenes; muy jóvenes!. Porque hace muy poco que han empezado esta aventura que es vivir. Y a partir de ahora se dibujan para ellas todas las oportunidades y caminos. El mapa está tendido a sus pies.
En estas voces prestadas están ellas; muchas Marías detrás de María, muchas Rosarios, muchas Lolas, muchas Marta, Teresa, Pilar, Carmen, Cristina, Marina, Dolores, Susana, MªJosé, Josefa o Pepa, Ana, Elidet, Clara, Ángela, Marian, Sonia, Candela, Ilona, Mònica, Eva, Isabel, Marisa o Elvira… Todos los nombres que guarda cada nombre. Cada uno con irrepetible identidad. Esa que sólo a vosotras os pertenece. Esa que nada ni nadie os puede arrebatar.

Este libro se hizo con y desde ellas. Y es por y para ellas. Sin olvidar en cada adverbio la mayúscula de su pronombre. Como un punto y aparte. Y a partir de ahora que ninguna voz se alce más alto que la suya propia, y que sean ellas las únicas narradoras que escriban su presente y su futuro.

No todo lo que se puede contar se dijo, ni todo lo que se dijo se puede contar. Sin embargo, de una u otra forma, todo está ahí. Aquí y ahora. Ese es el único lema. Desde estas páginas, toda mi gratitud por la generosidad desnudada, por la confianza regalada. Por los silencios que llevaré siempre conmigo en mis manos, por la sinceridad brindada y que blindo. Toda mi admiración y mi cariño. Y este libro; mi abrazo más sincero para cada una de ellas.

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