Una cita en Lisboa

Por @Mari_Polin

Estádio da Luz. Inaugurado a finales de 2003 con motivo de la Eurocopa del año siguiente. Catalogado por la UEFA como de élite lo que supone la condición necesaria para albergar finales europeas… como la del próximo sábado (aunque Ana Botella crea que es el domingo) a partir de las 20:45 horas.

Para la mayoría de aficionados al fútbol, una final de Champions League representa uno de los momentos más especiales de todo el curso futbolístico. Es el culmen de los esfuerzos de meses. Un camino iniciado casi un año antes. Sin contar las fases de clasificación o las rondas de plays-offs, son 32 los equipos que participan en la fase de grupos. Tras esta, llegan tres eliminatorias a doble partido hasta alcanzar la final.

Un recorrido complicado en el que, año tras año, van sucumbiendo equipos que sonaban como favoritos. Cada temporada son muchas las sorpresas que nos depara un torneo tan duro como apasionante. De nada sirven las apuestas o las cábalas pues, en la mayoría de los casos, sucede lo más inesperado.

Imaginar en el mes de septiembre de 2013 una final entre los dos equipos de Madrid sonaba más a deseo que a realidad. Y sin embargo, aquí estamos, preparándonos ya para el partido que enfrente al Real Madrid y al Atlético de Madrid. Uno llega con la mente puesta en lograr la ‘Décima’, convertida ya, en una especie de mantra para el madridismo. El otro llega con el descaro del que sabe que tiene poco que perder y sí mucho por ganar.

Los dos están en la final de forma merecida pues han debido sortear no pocos obstáculos. El Atlético de Madrid, por ejemplo, ha superado las eliminatorias contra equipos tan consolidados como el F.C Barcelona o el Chelsea. Con voluntad y compromiso, señas de identidad de unos jugadores que han dado lo mejor en una temporada que es ya inolvidable.

El Real Madrid tampoco lo ha tenido fácil. Con la llegada de Ancelotti fueron muchas las dudas que se generaron. El equipo se debatía entre un juego con más toque y su tendencia hacia el contragolpe. Con el paso de los meses fue lográndose un equilibrio materializado en victorias ante tres equipos alemanes.

Los jugadores de ambos equipos llegan a este encuentro con las fuerzas mermadas. Algunos de ellos apuran sus últimas opciones para llegar al partido y otros ya saben que no podrán jugarlo. Pero los que disfrutamos con este deporte sabemos que los que jueguen este sábado dejarán de sentir el cansancio y darán todo en el campo.

Más allá de resultados y de simpatías hacia uno u otro equipo, considero casi un deber el de disfrutar de este partido. Dos equipos españoles en una final es una situación que no se produce todos los años. Confío en que los aficionados se lo tomen como lo que es: una auténtica fiesta en la que ya hemos ganado todos los que contamos nuestra vida a través de citas como la de Lisboa.

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