Ernest Urtasun: “La extrema derecha es la principal amenaza para el proyecto europeo”

Por @Mari_Polin

Ernest Urtasun, candidato ICV / Foto: cedida equipo de Campaña Ernest Urtasun

Ernest Urtasun, candidato ICV / Foto: cedida equipo de Campaña Ernest Urtasun

A sus 31 años el diplomático y economista Ernest Urtasun será el cabeza de lista de Iniciativa por Cataluña Verde en las próximas Elecciones Europeas. Unos comicios de los que Urtasun espera que se conviertan en el punto de inflexión para iniciar un nuevo modelo europeo marcado por la derrota de la Troika o la mayor democratización de la Unión Europea. Con él repasamos el programa electoral de ICV además de otros asuntos de actualidad.

Pregunta: Tras el gran absentismo de los anteriores comicios: ¿por qué es necesario ir a votar el próximo 25 de mayo?

Respuesta: Nos jugamos, más que nunca, el futuro de la Unión Europea. Nos jugamos el sueño europeo mismo, entendido como aquella Europa Social donde nadie se iba a quedar atrás, desamparado. Pero con el pretexto de la crisis la alianza conservadora-liberal, lamentablemente con la complicidad absoluta de la socialdemocracia europea, ha llevado a cabo una ofensiva ideológica de gran calado para el desmantelamiento del Estado del Bienestar a escala europea. Pero el próximo 25-M tenemos en nuestras manos mandar una señal de que ya basta, de que es necesario un cambio de políticas en la UE. Tristemente, las urnas son la única forma en que los grandes partidos y en especial la derecha, entienden que sus políticas y programas de contrarreforma no son bien recibidos en la ciudadanía. Por lo tanto, no podemos permitirnos desaprovechar esta oportunidad, porque ya no nos queda tiempo. Los resultados de estas elecciones van a determinar el rumbo de las políticas europeas para las próximas décadas y por ende la viabilidad de la propia UE como proyecto político de paz social y prosperidad.

P: ¿Qué derechos están en juego en estas elecciones?

R: El concepto de derecho en sí está siendo puesto severamente en entredicho por la ideología neoliberal imperante. Las reformas estructurales de los servicios públicos dirigidas básicamente a privatizaciones masivas que se está imponiendo a los países rescatados en los memorándums de entendimiento lo demuestran. La Troika básicamente es el brazo ejecutor de una agenda neoliberal que pretende reducir sensiblemente el gasto social en Europa, que hasta la fecha era el 50% mundial, convirtiéndose en una seña de identidad del proyecto de la UE. Así hoy en día, y en los países del sur de Europa es especialmente palpable, derechos fundamentales de ciudadanía consagrados en constituciones nacionales y tratados europeos, como la sanidad o una vivienda y pensiones dignas por citar los más obvios, han dejado de serlo. Los derechos se convierten así en mercancías, solo accesibles a quien disponga de recursos suficientes; una discriminación socioeconómica intolerable que dispara las desigualdades. Además, como viene pasando también desde hace unos años en Hungría con otro gobierno con mayoría absoluta y de talante autoritario que ya ha criticado el pleno del Parlamento en el informe del eurodiputado verde Rui Tavares, en España en particular estamos viviendo un ataque a libertades civiles y derechos individuales sin precedentes en democracia, como la ley ‘mordaza’ o la reforma de la ley del aborto. Sobre todo eso, y la respuesta europea al respecto, también se votan en estas elecciones.

P: Las críticas por parte de la izquierda hacia las políticas de recortes han sido continuas a lo largo de los últimos años pero, en el caso de España, hay datos económicos que invitan a la esperanza: ¿cómo convencer a ese electorado que confía en la austeridad para salir de la crisis?

R: No se puede hablar de recuperación mientras haya 6 millones que quieren trabajar y no pueden, mientras 800.000 familias tengan a todos sus miembros sin ingresos y mientras más del 50% de los jóvenes estén desempleados. El gobierno usa datos parciales y bastante superfluos para vender la imagen de que ya se ha dejado atrás la crisis. Puro electoralismo, no exento de un cinismo intolerable, porque millones de españoles y españolas están sufriendo en sus carnes. Sinceramente creo que poca gente hoy en España, por lo menos entre aquellas personas que viven el día a día de la calle que somos la mayoría, cree que la receta drástica de la austeridad haya funcionado para la recuperación económica, más bien todo lo contrario. Quizás en Alemania o Finlandia haya todavía mucha que gente que crea que ha sido una buena idea, pero no creo que sea desde una óptica de solidaridad, y me atrevo a decir que incluso en esos países la mayoría está dando cuenta del error que significa la devaluación interna en los salarios de los países de la periferia para la economía del euro. En todo caso, es otro contexto, y en el nuevo Parlamento Europeo nosotros queremos ser la voz de la gente de Catalunya y España que lo está pasando francamente mal estos últimos años, y llevar propuestas concretas para un cambio de ciento ochenta grados de las políticas europeas. Y para ello, aunque no sea nuestro electorado directo para estos comicios, también debemos hacer pedagogía en otros países menos afectados por la crisis, y que gane peso en su opinión pública que el camino emprendido nos lleva a la nada, al desmantelamiento de la UE y el repliegue en naciones-estado que persigue la extrema derecha. El 25-M estaremos también muy pendientes de lo que hagan las izquierdas transformadoras en los otros veintisiete estados miembros, porque de ahí dependerá también si conseguimos una mayoría progresista en el Parlamento Europeo que no permita excusas a la socialdemocracia si vuelve a pactar seguir con la austeridad con la derecha. Por lo tanto somos conscientes que necesitamos también que nuestro mensaje llegue a todas partes, porque se trata de un tema de índole europea, y no un mero problema del sur.

P: ¿Teme que se le acuse de ser “antieuropeo”?

R: Para nada. En primer lugar, yo formo parte de una generación que ha crecido formando parte plena de la Unión Europea, con todas sus ventajas en cuanto a la libertad de movimiento y demás aspectos de la integración comunitaria, por lo que nuestro europeísmo es casi inherente, y difícilmente incuestionable si uno además lee la historia del continente. Y es en base a esta herencia y sintiéndome parte de la nueva generación política destinada a profundizar en la construcción europea, que creo que tenemos la responsabilidad de plantearnos seriamente y con profundidad hacia donde queremos que el proyecto avance y qué derivas son por el contrario peligrosas, y denunciarlas. Las voces que etiquetan de ‘antieuropeos’ a todos aquellos que ponen en tela de juicio las políticas neoliberales que imperan hoy en día en Europa practican simplemente la demagogia. Forma parte de su estrategia para evitar que se fiscalice lo que se está llevando a cabo últimamente a nivel de la UE, que no es otra cosa que un recorte orquestado en la protección social, con retrocesos graves en derechos adquiridos en los últimos cien años como en el terreno de los derechos y condiciones laborales entre otros. Todo ello hecho alevosamente, y ciertamente de forma muy poco democrática al amparo de la lejanía que desprenden las instituciones europeas. Pero yo aquí me gustaría responder lanzando una pregunta: ¿qué es más ‘antieuropeo’ a día de hoy, denunciar el enfoque político de la UE que deja de lado a los más vulnerables para privilegiar al gran capital y criticar que la Unión Económica y Monetaria no se diseñó bien y está incompleta, o bien caer en la autocomplacencia de mirar atrás y dormirse en los laureles de la paz y prosperidad conseguidas por los primeros 50 años de integración europea repitiendo como un mantra que no hay alternativa, en el mejor de los casos, o en el peor de ellos servirse de una estructura institucional celosamente diseñada para aplicar un programa político determinado, entregando la soberanía popular a los mercados como está siendo el caso, creando si hace falte instrumentos ad hoc como la Troika? La cuestión clave que hay en juego hoy en Europa es la democracia. La mayor amenaza que se cierne sobre la ciudadanía en cuanto a soberanía se refiere es la pérdida de la capacidad de las instituciones, a todos los niveles, de llevar a cabo de forma efectiva las políticas que la mayoría de ciudadanos decidan con su participación democrática.

P: ¿Qué opinión le merecen los candidatos del Partido Popular y el Partido Socialista a estas elecciones?

R: Respeto su experiencia y trayectoria, han sido eurodiputados con anterioridad y habiendo acumulado muchos años en cargos institucionales y orgánicos, pero precisamente por ello creo que son candidatos del pasado. No creo que sea excesivamente bueno para la regeneración democrática que vuelvan a aparecer las mismas caras una y otra vez para ocupar los mismos puestos institucionales. Además hay que recordar que estas personas son pilares de los partidos que en los últimos años han estado gobernando una España inmersa en la crisis, con muy pocos aciertos. Hay que recordar que ambos llevando a cabo recortes y reformas del sector público, iniciados por Zapatero, aunque los del PP sean más ideológicos y de calado. Del ministro Cañete, además de su autoritarismo, hay que recordar su papel central en el proyecto de Plan Hidrológico Nacional hace diez años, muy criticado entonces por la Comisión Europea, que ha retomado recientemente de forma opaca en su nueva etapa al frente del ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente, y la reciente reforma de Ley de Costas, que supone una regresión en protección medioambiental y una amenaza de mayor presión urbanística sobre nuestro ya castigado litoral. En cuanto a la señora Valenciano, desde hace tiempos es vicepresidenta del Partido Socialista Europeo, que si bien en campaña querrán presentarse como la alternativa al Partido Popular Europeo, tienen desde hace tiempo una alianza institucional estable y llevan a cabo pactos políticos sistemáticos con ellos. En 2009 los socialdemócratas europeos no se dignaron a nominar ninguna alternativa a Barroso como presidente de la Comisión, que el PSOE en particular le votó para el cargo, como hizo también Ramon Tremosa de CiU, y que finalmente los socialistas europeos aprobaron muy mayoritariamente a la Comisión al completo, a pesar de su corte claramente conservador-liberal. En conclusión, no creo que sus candidaturas contribuyan a ofrecer una imagen de renovación de la política precisamente, y en el terreno europeo me temo que forman parte de la lógica del europeísmo autocomplaciente. Respecto a sus candidatos europeos, más de lo mismo: Juncker (PPE) ha sido mucho tiempo primer ministro de un país muy conservador como Luxemburgo, y presidente del Eurogrupo en los años cruciales de la crisis donde junto con Merkel ha sido un pilar clave para defender fundamentalmente los intereses del sector financiero europeo en la estabilidad de precios como único objetivo, sacrificando la cohesión social de Europa. Y Schulz (PSE) ha antepuesto su ambición por ser Presidente de la Comisión Europea pactando hace pocos meses la nueva investidura de Merkel en la gran coalición alemana, en lugar de propiciar una alternativa progresista posible gracias a la mayoría parlamentaria de los tres partidos de izquierdas en el Bundestag y el Bundesrat, que habría podido suponer también un giro en política europea. Finalmente, Verhofstadt (ALDE) también es un viejo conocido, ex-primer ministro belga, federalista europeo pero extremadamente liberal y que en materia económica propicia se alinea sistemáticamente con los conservadores propiciando la mayoría de derechas en la Eurocámara. Las únicas pinceladas de color y de ilusión de futuro en esta campaña europea es el ticket verde entre José Bové y mi amiga Ska Keller, con quien copresidí las juventudes verdes europeas hace diez años, y el líder de Syriza Alexis Tsipras como candidato de la izquierda unitaria.

P: La escalada de la extrema derecha se ha hecho aún más notable tras las últimas elecciones francesas: ¿qué lectura hace de ese fenómeno que se da en varios países europeos?

R: Es un problema que me preocupa profundamente y creo que el combate al fascismo y la extrema derecha debe ser una prioridad para la izquierda. El contexto de crisis y la incapacidad política para resolverla ha generado una gran desazón, que ha evolucionado primero hacia el abstencionismo, y seguidamente hacia un deseo de parte importante de la ciudadanía de castigar a una clase política tradicional desprestigiada. Y en este sentido, las políticas de la coalición son las principales causantes de que crezca la extrema derecha antieuropea, que dicho sea de paso es la principal amenaza a la que nos enfrentamos hoy en día en lo que al proyecto europeo se refiere. Hay que denunciar alto y claro que son aquellos quienes comprándoles su discurso y radicalizando sus políticas, en particular en materia de libertades e inmigración contribuyendo a estigmatizar a las personas migradas por un puñado de votos, han permitido que la extrema derecha crezca en representación e influencia política, alimentándola incluso en algunos casos para frustrar una alternativa de izquierdas. Hay una responsabilidad política importante de Merkel y compañía, con una gran miopía también por parte de los socialistas europeos en los momentos clave, porque con la Troika se ha debilitado la noción de democracia de soberanía popular, y sus políticas macroeconómicas han tenido como consecuencia la pérdida de dignidad en millones de hogares en Europa. Ello ha generado un rechazo a los líderes políticos europeos y por ende un euroescepticismo creciente. Esto es un caldo de cultivo muy propicio para el populismo y para que penetren en las capas más desfavorecidas las ideas de extrema derecha nacionalista. Estas ideas son muy peligrosas porque buscan la confrontación entre iguales, trabajadores, invisibilizando el verdadero conflicto de clases que se ha hecho de nuevo evidente con la crisis que se combate desde la izquierda. En cuanto al fenómeno Le Pen, en concreto, la estocada que la pronta capitulación europea de Hollande frente a las tesis de Merkel y a la presión de los mercados por la calificación de la deuda soberana supuso para Francia, ha generado frustración en una parte notable de la sociedad gala, deseosa de recuperar la influencia que le corresponde al segundo mayor país de la UE. Discursos de agitación evocando la histórica ‘grandeur’ francesa, han hecho mella, alimentadas también por el desencanto de con el PS y la UMP en sus última experiencias de gobierno. A pesar de tener resultados dignos en algunos comicios de forma respectiva, las fuerzas de izquierda y verdes no han sido capaces de ofrecer una alternativa creíble, unitaria, capaz de contrarrestar la ola populista ultraderechista del Frente Nacional.

En muchos casos los grandes partidos se sirven del miedo a la extrema derecha, comparándolo con las fuerzas de izquierda alternativa, y así legitimar sus pactos a contra natura. Un caso muy claro de injerencia del establishment europeo fue la terrible campaña de desprestigio y criminalización a Alexis Tsipras, líder de Syriza, ante las elecciones generales de Grecia de 2012, para frustrar la posibilidad de victoria electoral de la izquierda real. En esta campaña de descalificación fue tildado precisamente de ‘antieuropeo’ por rechazar los memorándums de la Troika, al tiempo que se quería situar a Syriza al mismo nivel que el partido neo-nazi Aurora Dorada. Hoy en día, dos años después de la formación de un gobierno de coalición que hace aguas por todas partes y cierra la televisión pública como medida anticrisis, Syriza encabeza las encuestas en Grecia.

P: ¿Falta cohesión entre la izquierda?

R: Debemos ser capaces de construir una izquierda plural, donde se ponga en valor las diferencias de cada uno pero que construya un proyecto común que vaya mucho más allá de nuestras formaciones. Desde la izquierda tenemos el reto de superar cualquier posible división puntual, y actuar en consecuencia en amplitud de miras. Nuestros adversarios son poderosos, bien organizados en varios frentes de la máxima influencia política y económica, y se han hecho con la hegemonía, pero nosotros defendemos, conjuntamente el interés general y los derechos de mucha más gente. El reto, sin embargo, consiste en cómo articular un discurso unificador, que ayude a construir sinergias de confluencia, como mínimo electoral, entre las diferentes expresiones de la izquierda, y no me refiero solo a las fuerzas políticas, sino también a la izquierda social: sindicatos, movimientos sociales como la PAH, el 15-M, asociaciones de vecinos y de consumidores, organizaciones ecologistas, de transición energética e industrial y en defensa del territorio, etc. esto es parte fundamental del espacio sociológico de izquierdas. Junto al electorado desencantado, que no participa porque le han convencido que no hay alternativa pero que en el fondo desea rebelarse contra un sistema injusto que perpetua las desigualdades, hay una clara mayoría social a favor de un cambio de modelo, superador del capitalismo salvaje que devora las personas y el medio ambiente. La defensa, desde los distintos ámbitos de actuación ciudadanos posibles, de la justicia social y del ecologismo son claramente dos caras de la misma moneda en este sentido, y nuestra misión como partidos, y en este caso como futuros representantes político en el Parlamento Europeo, es tratar de contribuir a articularlas en un proyecto compartido.

Y si bien es cierto que hasta el momento, empezando por estas elecciones europeas, no hemos sido capaces de lograr una unidad completa de la izquierda por la que ICV ha abogado desde el principio, yo estoy convencido que más pronto que tarde imperará el sentir de que lo que nos jugamos ahora mismo es demasiado importante como para no afrontarlo de forma unitaria, con generosidad e inteligencia colectiva.

Lo que proponemos es una nueva alianza de la izquierda, con su pluralidad y distintos matices. Y somos conscientes de que esto hay que hacerlo a escala europea, empezando desde el sur, pero sobretodo trascendiendo las familias políticas hoy en día existentes, rompiendo barreras mentales que nos permitan estar en disposición de librar el combate por la hegemonía cultural de Europa, hacia una unión de solidaridad entre pueblos y progreso colectivo y no el simple espacio de libertad de mercado, sustentado en el individualismo que es hoy día. Es fundamental que todos y todas tengamos esto claro y no nos perdamos en estériles debates cainitas para dedicar tota la energía e inteligencia a la confrontación esencial contra la derecha y aquellos quienes les hacen el juego.

P: Centrándonos en Cataluña ¿qué conclusiones extrae tras el debate de la consulta soberanista en el Congreso?

R: Se desarrolló lamentablemente según el guión esperado. El hecho de que no sea ninguna sorpresa no quiere decir que no sume un nuevo desencanto para el pueblo catalán, siendo una muestra más de la actitud poco constructiva del gobierno del PP, primero, y el seguidismo del PSOE como principal partido de la oposición. La brillante intervención de Joan Herrera (ICV), quien destacó por encima de sus colegas parlamentarios catalanes por saber exponer el sentir transversal de la ciudadanía catalana de manera muy pedagógica para todo el pueblo español, alertando del riesgo de mayor fragmentación si se impide la consulta del 9-N, se topó con el inmovilismo total sin un atisbo de cintura política. Es particularmente decepcionante que incluso los socialistas, más allá de su postura tímida y la vaga propuesta de reforma federal del estado, acaben por jugar en el mismo terreno conceptual que PP y UPyD, partidos que han sembrado y alimentan continuamente el anticatalanismo. Apostando por no perder demasiados votos por este flanco el PSOE renuncia a la necesaria pedagogía y no facilita el tan necesario diálogo. En este contexto, hay que poner mucho en valor la postura del grupo de la Izquierda Plural, en el debate, sustentado por el apoyo explícito de Izquierda Unida como tercer partido estatal a la celebración de la consulta, la cual sería casi intrínseca a una lógica radicalmente federal. En este sentido, como mencionó Herrera, la posición monolítica de los dos grandes partidos al respecto de la consulta, no es representativo de las posturas muy diversas en la opinión pública, mucho más favorable al ejercicio democrático que al fin y al cabo representa toda consulta al pueblo.

En todo caso, por quedarse con algún elemento positivo, es bueno que se celebrara el debate en el Congreso. El parlamento es el lugar donde debatir y contrastar las propuestas políticas, y no exclusivamente a través de los medios de comunicación, donde tienden a producirse excesos verbales. Pero al mismo tiempo, uno esperaría un debate riguroso en las Cortes, donde se hiciese un enfoque político y democrático en vistas a usar las herramientas necesarias de negociación y diálogo para buscar la mejor salida política a la situación actual. Sin embargo, los grandes partidos se enrocan en argumentos estrictamente constitucionalistas en base un texto aprobado 35 años atrás recién entrados en democracia, con un contexto bien distinto y que por cierto algunos de los que hoy tanto la reivindican rechazaron entonces. Todo ello para intentar camuflar su manifiesta falta de voluntad política para que el pueblo de Catalunya ejerza su derecho a decidir, dado que el artículo 150.2 de la misma Constitución de 1978 provee al Estado la capacidad de delegar competencias a las Comunidades Autónomas, siendo por tanto una consulta solamente en el territorio catalán constitucionalmente posible, que era precisamente lo que se discutía en el Congreso el pasado día 8 de abril.

P: ¿Considera también que se ha llegado a un camino sin retorno?

R: La falta de diálogo y de visión política no contribuye a una solución a corto plazo. Y lo que también se percibe, por lo menos para la inmensa mayoría del pueblo de Catalunya, es que en ningún caso la solución puede ser seguir igual que hasta ahora, como si aquí no hubiese sucedido nada y el Tribunal Constitucional no hubiese fallado en 2010 contra de la reforma Estatuto de Autonomía de Catalunya. No hay que olvidar que la sentencia del TC, que tras un cúmulo de despropósito entre recusaciones y extinción de mandatos se demoró casi cuatro años -había sido aprobado en 2006, tras el impecable proceso de debate en el Parlament de Catalunya, y las enmiendas de las Cortes Generales posteriormente ratificadas en referéndum por una amplia mayoría de los catalanes y catalanas-, fue instigada por un recurso de inconstitucionalidad del PP, que es el partido que hoy en día gobierna España con mayoría absoluta.

Por lo tanto, a estas alturas, la única vía para salir de este atolladero político es hacer la consulta. No hay otra opción si se quiere verdaderamente volver a tender puentes de diálogo y si se quiere realmente que la mayoría del pueblo de Catalunya vuelva a confiar en las instituciones españolas y posibilitar un encaje de Catalunya en un estado reformado.

P: ¿Es viable pensar en una Cataluña independiente dentro de Europa?

R: Es una posibilidad teórica en la medida que estamos en el campo de la política, y que la historia dice que las fronteras no son perpetuas e inamovibles. Sin embargo, es nuestra responsabilidad como políticos, exponer los riesgos y potenciales turbulencias político-económicas típicamente asociados a un proceso de creación de un nuevo estado. En relación a la UE, hay que estudiar y valorar muy detalladamente las posibles consecuencias en cuanto a la pertenencia a la Unión se refiere. En este sentido, consideramos fundamental que Catalunya no quede fuera de la UE, porque tendría consecuencias previsiblemente muy negativas para el bienestar de su gente.

P: ¿Ya han debatido dentro de su partido qué votarían si se produjera la consulta?

Ahora mismo la prioridad es conseguir el derecho a decidir y celebrar la consulta el 9-N. ICV es un partido en el que militan federalistas e independentistas, múltiples sensibilidades de sentimiento de pertinencia. Cuando hayamos ganado el derecho a decidir, cuando tengamos todas las herramientas para una consulta legal, el partido dispone de los mecanismos democráticos internos suficientes para poder adoptar una postura de consenso.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s