Diez años

Por @LOrtizGomez

Qué rápido pasa el tiempo. O qué despacio. ¿Qué hacías hace 10 años? Nadie se acuerda de que hacía el 10 de marzo de 2004, todos, sin embargo, nos acordamos de qué hacíamos 24 horas más tarde.

El 11 de marzo de 2004 era jueves y jornada de huelga universitaria. A la hora a la que las bombas estallaban, yo seguía en la cama, tapada con el edredón hasta arriba y oyendo a mi madre poner en marcha a mis hermanos para ir al colegio y al instituto. En ese duermevela escuchaba por la radio, siempre puesta en mi casa, que había habido un atentado y pensaba en otra familia destrozada desde la comodidad de mi cama. Fue también por la radio que escuché a un hombre que llamaba desde la calle Granada, paralela a las vías del tren de Atocha, muchos metros más arriba. Allí vivía mi amiga Rosa y al escuchar su calle me levanté como un resorte. “Mamá – grité – ¿qué dice? ¿Qué ha sido en la calle Granada?”.

Recuerdo cada detalle de los primeros minutos de aquella mañana en la que Madrid enmudeció. A partir de ahí el horror, las noticias de las bombas simultáneas, las cifras de fallecidos subiendo por segundos, la confusión, el miedo y a Eli. A Eli llamándome o escribiéndome un mensaje, no recuerdo bien, justo antes de que se colapsara la red. Y vestirme y salir de mi casa y quedar en la cola de Sol para donar sangre, hacer recuento, hablar de los compañeros de clase a los que habíamos localizado, de nuestras familias, de cómo estábamos todos… y de pronto la Policía diciéndonos que ya no hacía falta que donáramos, que mi ciudad había respondido y había sangre de sobra.

Recuerdo todo eso, y más… Recuerdo el café en las inmediaciones de Sol haciendo tiempo para la primera concentración de repulsa, en el kilómetro cero, en el corazón de mi ciudad y recuerdo, como si fuera ayer, a aquel operador de cámara que pasó por nuestro lado hablando por su móvil y haciéndonos caer del guindo “No ha sido ETA, dicen que ha sido Al Qaeda”. Recuerdo vagar con mis compañeras de clase por aquellas calles mudas, nunca estuvo Madrid tan callada y a la vez nunca chilló tan fuerte. Comprar las ediciones de tarde de los periódicos y acabar en casa de Helena, escuchando la radio y repasando todo lo que se sabía.

Recuerdo la manifestación del día después. Intentar salir del metro en Alonso Martínez, donde de nuevo habíamos quedado, y que la gente no me dejara avanzar. Llovía, llovía mucho, y mi chaquetón de plumas calado y los gritos y los “Ibamos todos en ese tren”. Y la vuelta a casa, de nuevo en silencio.

Han pasado 10 años. 10 años para 191 familias destrozadas y más de 1800 heridos que no olvidarán jamás no solo que hacían ese día si no el infierno posterior. 10 años de utilización política y teoría de la conspiración. 10 años del atentado terrorista más brutal que ha sufrido este país.

El día 12 no llovía, el día 12 Madrid lloraba porque una parte de todos nosotros iba en esos trenes. En el tiempo y en la distancia el 11-M no se olvida. Yo me bajo en Atocha, yo me quedo en Madrid.

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Un comentario en “Diez años

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