Finaliza un año más el mayor movimiento migratorio de la humanidad

Por Rocio Maresco, Beijing

Las vacaciones del Año Nuevo Chino están llegando a su fin. Y lo hacen a lo grande. La magnitud de desplazamientos que concentra el país en apenas tres o cuatro semanas es tal que los analistas hablan del mayor movimiento migratorio de la humanidad: 3.600 millones de desplazamientos individuales. Viajan en coche, autobús, tren o avión, dependiendo de la situación económica de las familias. La mayoría regresa a casa de sus padres para disfrutar algunos días de vacaciones con parientes que no ven en todo el año. Aunque poco a poco se están popularizando los viajes a países extranjeros, sobre todo, entre los jóvenes.

Las oficinas de venta billetes se convierten en lo que los propios chinos califican de “campo de batalla”. No hay un medio de transporte en el mundo tan competitivo como un tren chino si tenemos en cuenta el precio, el kilometraje y la comodidad. Existen varios tipos de trenes en función de la velocidad y las paradas que hacen en cada ruta. Tienen pasajes para ir sentados, en litera dura y litera blanda. Aunque en los días de máxima afluencia los pasillos de trenes que se dirigen a zonas rurales van atestados de gente que ha comprado un billete para ir de pie. Y pueden ser trayectos de 10, 15, 24 horas o más. Muchos chinos han desarrollado una paciencia infinita frente a los codazos y pisotones. Algunas de las situaciones que se viven en este tipo de trenes acabarían en algo más que palabras si ocurrieran en España.

La revolución tecnológica también ha afectado a la venta de billetes, y para bien. Ahora se pueden comprar con días de antelación por Internet, aunque hay cupos limitados y los estudiantes universitarios tienen prioridad. Encontrar un vuelo a un precio razonable es prácticamente imposible a menos que se reserve con muchos meses de antelación. Y normalmente no está al alcance de muchas familias modestas que residen temporalmente en las grandes ciudades por cuestiones laborales.

La carretera es sinónimo de colapso. Son atascos infinitos en las principales vías del país, la congestión del tráfico alcanza incluso a las autopistas de peaje.

Todo este movimiento, este gasto de energía y tiempo, el esfuerzo de levantarse a las cuatro de la mañana para conseguir un billete, soportar las colas en las estación y las temperaturas más bajas del año sin saber si vas a regresar con las manos vacías responde al deseo de reunirse con los seres queridos. Es una de las tradiciones más igualitarias del país, ya sea el presidente ejecutivo de una gran compañía, un cocinero, una secretaria, un albañil o un comerciante, todos se preocupan por pasar estos días con la familia. Otro tema es la posibilidad de cada uno para cumplir con este rito, porque hay muchos que se quedan sin billetes, sin posibilidad de viajar y se viven auténticos dramas.

Last Train Home (podéis verlo pinchando en el enlace) es un documental que explica perfectamente cómo vive una familia media de origen rural el Año Nuevo Chino, qué implicaciones tiene en sus vidas y cuáles son las motivaciones de cada uno de ellos para volver o no a casa.

 

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