África se desangra en silencio

Por @mpereztriano

Es habitual ver en los medios de comunicación las últimas noticias de lo que está ocurriendo en la guerra civil siria, como antes pasaba en Libia, Irak o Afganistán. Son territorios importantes para occidente, ya sea desde el punto de vista estratégico o económico. Es decir, que bien están situados en regiones inestables o tienen recursos naturales de los que las grandes potencias se pueden aprovechar. Por lo contrario es por lo que para informarnos de lo que ocurre en África, debemos recurrir casi siempre a prensa extranjera.

No es fácil recordar cuándo fue la última vez que en un telediario se habló de Somalia, si no era para informar de un secuestro de un ciudadano o barco occidental. En contadas ocasiones aparecen informaciones de la República Democrática del Congo, a pesar de encontrarse inmerso en un conflicto interminable. Ni siquiera Ruanda llenó portadas en su día. El último caso del drama africano es la República Centroafricana.

Desde el fin del colonialismo en África, no son pocos los países que no han levantado cabeza. Muchos han estado y están acostumbrados a conflictos interétnicos perpetuos dentro de sus propias fronteras, y la República Centroafricana no es una excepción. Este país es uno de los países más pobres del planeta, a pesar de contar con abundantes recursos minerales. La Esperanza de Vida no llega a los cincuenta años, solamente la mitad de la población está alfabetizada y el 13,5% está afectada por el VIH. Esto es ya de por sí muy desalentador.

Los últimos episodios violentos contados por los pocos ojos extranjeros que se encuentran en el país son aterradores: ejecuciones sumarias, mutilaciones, desapariciones…además de unos seis mil niños reclutados, según datos de la ONU, y miles de casos registrados de violencia sexual. Como no es extraño en este tipo de conflictos, los crímenes se comenten en nombre de la religión. El año pasado un golpe de Estado llevado a cabo por el grupo Seleka (musulmán), llevó al poder a Michel Djotodia. Fue el primer presidente musulmán de este Estado africano de mayoría cristiana. Ahora son las milicias Antibalaka, cristianas y en su mayoría partidarias del depuesto Presidente François Bozizé, las que dicen vengarse de las atrocidades cometidas anteriormente por los guerrilleros de Djotodia. Este grupo, siempre según la poca prensa presente en el lugar, ha mutilado a niños, mujeres y hombres musulmanes sin piedad. Ya son casi un millón de desplazados en un país que no llega a los cinco millones de habitantes. Por desgracia, la historia nos suena demasiado.

Aunque levemente, la comunidad internacional parece moverse. París envió a su antigua colonia un contingente de mil seiscientos soldados, que junto a la Unión Africana, son la única presencia militar extranjera. A instancias de Francia, la Unión Europea ha aprobado una misión conjunta que podría sumar unos quinientos soldados más, pero aún está sin concretar y parece insuficiente. Estados Unidos ni está ni se le espera.

El pasado día 20 el Parlamento de la República Centroafricana eligió Presidenta a Catherine Samba-Panza, alcaldesa de Bangui hasta ese momento. Tendrá el dificilísimo papel de apaciguar los ánimos y encontrar la paz en un país que se encuentra al borde del genocidio. Las potencias occidentales deben actuar para evitar que, de nuevo en silencio, presenciemos un exterminio en África.

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